sábado, septiembre 29, 2007

Ramones

El 16 de marzo de 1996 no fue un día común para muchos pibes que en la Argentina le entregaron un pedazo de su corazón punk a los Ramones. Porque aquella noche del Monumental, junto a Die Toten Hosen e Iggy Pop (más los locales Superuva, Attaque 77 y 2 Minutos), el cuarteto neoyorquino se despidió para siempre de sus fans criollos, en un extraño y furibundo show de hora y media que aún se comenta por las calles de Núñez. Y ese ritual adrenalínico y colectivo significó el fin de un romance. Al menos físico. Los Ramones le decían adiós a su público más fiel y más de 45 mil fanáticos volvían en silencio a casa para tratar de hallar guiños en las canciones y una forma de seguir sin ellos.
Casi desairados en el resto del mundo, habían encontrado en nuestro país un amor incondicional y desmesurado que los llevó a regresar en seis oportunidades desde su debut en 1987 en el Estadio Obras. Hoy, once años después de ese ya lejano y gigantesco “no va más”, el baterista Marky Ramone vuelve a la Argentina para homenajear a su banda junto a músicos de Expulsados, Los Violadores, Bulldog y El Otro Yo. ¿Cuál es el plan? “Tocar temas de los Ramones, divertirse y poder disfrutar de una música que fue única e irrepetible”, explica Marky del otro lado de la línea.
Ingresado al grupo en 1978 luego de la partida de Tommy Ramone, este señor de 51 años que se esconde bajo el terrenal nombre de Marc Bell participó en ocho de los catorce discos oficiales que editaron los neoyorquinos, y fue el responsable de la producción de End of the Century, quizá la mejor radiografía de su banda y lo que significó la movida punk en Estados Unidos en la década del ‘70. “Cuando me vinieron a ver para hacer el documental no estaba muy seguro, porque quienes llevaban el proyecto adelante tenían su propia idea de los Ramones. A ellos les interesaba mostrar más que nada las peleas y el costado oscuro, algo que se puede observar claramente en la película. Yo hubiera preferido quedarme con la parte más divertida.”
–Cuando comenzaron en el CBGB compartían escenario con Television, Talking Heads, Blondie y otros artistas. ¿Quiénes eran los más talentosos?
–The Ramones. Eramos los mejores. Teníamos un sonido propio, canciones originales y el mejor look de todos los músicos que entraban al CBGB. ¿Si éramos buenos? Realmente no podría afirmar eso, pero sí te puedo decir que fuimos únicos y diferentes a todos. Había cientos de buenos músicos todavía, pero los Ramones inventamos un estilo que perdura hasta hoy.
–¿Por qué en todos estos años no ha salido otra banda de las mismas características que The Ramones?
–Porque fue algo único y porque solamente existieron cuatro individuos con la misma química para tocar ese tipo de música. Y eso no se volverá a repetir. Pero fue muy duro llegar a ser The Ramones, como fue duro el hecho de que toda esa presión estuviera centrada sobre cuatro tipos. Estuvimos en el lugar indicado en el momento indicado y éramos quienes éramos, además de sentirnos influenciados por un montón de música. Creo que... simplemente sucedió.
–Estuvieron varias veces en la Argentina y siempre fueron acosados por el público: los esperaban en el hotel, los perseguían por la calle y llenaban todos los shows. ¿Te sorprendió tanta efusividad la primera vez que viniste?
–Definitivamente. Y las imágenes que se ven en End of the Century son las mías filmando desde dentro de la camioneta que nos transportaba. Recuerdo que cada vez que veníamos era una locura total. Había chicos esperando en la puerta del hotel, e incluso corrían varias cuadras a la par nuestra tratando de subir a los autos. Para nosotros fue algo sorprendente y realmente nos hacía muy felices. Era una de las razones por las que queríamos volver.
–Johnny y Joey mantenían una relación tensa y estrictamente profesional. ¿Cómo te parabas vos ante esa situación?
–Yo estaba siempre en el medio tratando de mantener la paz, pero Johnny le robó la novia a Joey y... así empezó la cosa. Joey intentó olvidarlo, pero todo lo que no contaba, se lo guardaba. Y vivió muchos años con el dolor interno de enfrentar y aceptar lo que había pasado. Pero nunca lo olvidó. La canción The KKK Took my Baby Away cuenta toda la historia de cómo Johnny se quedó con la novia de Joey. Si bien no aparece su nombre en el tema, él fue el verdadero vehículo de la canción.
–¿Joey era un tipo solitario?
–Bueno, en realidad Joey era un tipo muy reservado, no hablaba mucho de su vida privada y, además, era una persona muy tímida. Dee Dee era el que más hablaba, casi por todos nosotros, hasta que se volvió loco, pero un loco agradable, inofensivo. Y Johnny... bueno, era la persona que se encargaba de que todo funcionara, de que estuviéramos unidos y de que el proyecto nunca dejase de ser serio. Era una buen persona, pero muy confrontador.
–¿Todo se olvidaba arriba del escenario?
–Nunca dejamos que ningún problema interfiriera en lo que hacíamos sobre el escenario, porque sabíamos que los fans habían pagado para ver el show y nosotros teníamos el deber de entregarles lo mejor. Porque eso es lo más importante. Si alguien paga para verte, tenés que tocar.
–¿Qué se siente ser el último miembro original de la “familia Ramones”?
–Bueno, no nos olvidemos de Tommy. El hizo una carrera, pero no se dedicó al punk, ni volvió a tocar temas de los Ramones, sino que se orientó a la música bluegrass y ahora toca el banjo y no quiere representar más las canciones de los Ramones. Yo sí. ¿Qué es lo que creo? Que las canciones nuestras son tan buenas que se pueden seguir tocando y que tengo la obligación de, mientras viva, continuar con el legado. Por eso voy a estar en Buenos Aires.
–¿Qué relación tenían con los Sex Pistols?
–Tuvimos poca relación, ya que ellos sacaron un solo disco y duraron un año y medio, algo que mucha gente olvida. En cambio nosotros duramos veintidós años, así que nunca pudimos considerarlos rivales. Además, no éramos enemigos, al contrario. La única diferencia es que los Ramones fuimos cien veces mejores que los Sex Pistols. Hicieron un buen álbum, se convirtieron en la sensación de Inglaterra, y se acabaron.
–¿Pensás que el final de Sid Vicious estaba escrito?
–Sí, no hay dudas. Cuando él se mudó a Nueva York con Nancy, nos hicimos buenos amigos y salíamos bastante a ver bandas en el CBGB. Era un tipo divertido cuando estaba borracho, pero no podía parar su adicción. Sid continuaba bebiendo y drogándose mucho, lo que considero una pelotudez de su parte. Yo no estaba metido en esa historia y no me parecía bien que se arruinaran la vida de esa manera. Pero él, Dee Dee, Richard Hell y otros se inyectaban demasiada heroína. Creo que si no hubiera sido por eso hoy Sid estaría vivo cantando temas de Jerry Nolan y Johnny Thunders.
–¿Qué significó la Argentina para los Ramones?
–Me parece que uno debería estar agradecido de que existan países tan agradables y maravillosos como la Argentina. No había ninguna razón extraña, simplemente nos gustaba. Por eso siempre decidimos volver, volver y volver. Tanto para Joey, Johnny, Dee Dee, CJ y para mí, Argentina fue nuestro segundo hogar. Y lo va a seguir siendo.
* Marky Ramone toca el viernes 5 de octubre en El Teatro de Flores, Rivadavia 7806. A las 19.

sábado, septiembre 22, 2007

Send

HIGHLAND PARK, N.J.
Durante una de las últimas alarmas por los atentados de Al-Qaeda en Madrid, el editor en jefe de la agencia de noticias EFE intentó comunicarse con sus redactores por correo electrónico. No pudo. Tenía más de siete mil mensajes basura acumulados en el inbox o bandeja de entrada y, aunque los borraba a toda velocidad, se reproducían a una velocidad aún mayor. La mitad de los mensajes inútiles provenía de un joven empleado de la agencia. Informaba a sus amigos que estaría de viaje hasta fin de mes y que no leería su correspondencia. La otra mitad tenía su origen en un aviso similar de vacaciones enviado por el asesor de una fundación. El editor estaba en la libreta de direcciones de los dos y el mensaje, transformado en un eco sin freno, se multiplicó en los buzones sin que nadie pudiera detenerlo.
El inconveniente tardó días en conjurarse, y tanto el redactor como el funcionario, insultados por teléfono en sus retiros de verano, tuvieron que correr al cibercafé más cercano para cancelar el mensaje. El correo electrónico tiene apenas veinte años de vida, pero es ya una herramienta de diálogo y de negocios tan indispensable que es difícil imaginar la vida sin él. Permite buscar trabajo, inscribirse en las escuelas, recibir cartas de rechazo, comprar pasajes, organizar conferencias, aconsejar sobre tratamientos médicos, corregir exámenes, pedir préstamos, ofrecer disculpas, saber qué hacen los amigos en otras orillas del mundo.
También es una fuente inagotable de malentendidos, amores clandestinos y dolores de cabeza. Desde el principio, además, ha sido terreno propicio para la delincuencia. No hay habitante del espacio virtual que no haya recibido siquiera una vez, por más filtros y alertas que ponga en su sistema, ofertas de programas piratas, películas que no han sido estrenadas, recitales de música que se oyeron sólo una vez, por no mencionar los accesos a sitios de pornografía y a fiestas eróticas con trillizas.
Cualquier demostración de interés en esos comercios o en medicinas para el problema que sea –la depresión, el exceso de peso, la apatía sexual– puede caer aplastado por un diluvio de anuncios de la misma índole. Un sitio está ligado a otro, y éste a diez más, o a cien. El mundo virtual nunca duerme. Cuando es noche cerrada en Australia o Indonesia amanece en Chile y en California. Los e-mails son más vulnerables y accesibles que los viejos mensajes postales. Un hacker curioso puede abrir la correspondencia mejor guardada y exponer a la luz todos los secretos. Al menos una vez a la semana recibo mensajes enviados desde mi propio correo en los que me recuerdo a mí mismo amores ardientes que no he tenido, gano premios que no he ganado, me abrazo con amigos a los que no conozco, en lugares a los que nunca he ido. Un hacker podría seguir el hilo de esas cartas y, remontándose a la primera de todas, descubrir quiénes son el yo que, sin ser yo, me las hace llegar.
La mayoría de estos enigmas están aclarados en Send (Enviar), un manual de 250 páginas publicado a comienzos de septiembre en Nueva York. El comedido subtítulo lo presenta como “guía esencial para los e-mails en la oficina y la casa”. Y en verdad lo es. Abunda en lecciones de gramática, en datos históricos, en reflexiones sobre la conducta humana y en consejos para evitar errores fatales. A primera vista podría confundirse con un libro de autoayuda, pero va mucho más allá. Es una piedra de Rosetta en la que pueden leerse las drásticas y rápidas mudanzas que están sufriendo los signos en esta primera década del siglo XXI. Sus autores son David Shipley, editor de la página de Opinión de The New York Times, y Will Schwalbe, vicepresidente de la editorial Hyperion. Desde el arranque mismo de Send se enumeran los errores letales en que incurren los que envían e-mails sin pensarlo dos veces, al correr de las teclas. Ese es el riesgo. Una vez que se pulsa la orden de enviar ya no hay regreso. No se puede quemar el buzón ni suplicarle al cartero que no entregue el sobre. Los mensajes virtuales son como la muerte, el clic de Pandora, según los llama la periodista Janet Malcolm. Dante podría haber trazado un mapa nuevo del infierno con los pecados que se cometen por e-mail. Shipley-Schwalbe llevan al primer círculo los mensajes de jefes abusivos que les cobran a sus secretarias las cuentas de tintorería porque les mancharon los pantalones con ketchup o café, y al segundo las cartas imprudentes de empleados que preguntan a sus contactos permanentes de correo por el teléfono de una tal Rosa de Nor’wester Corp., con lo que desatan una cascada de preguntas y de mensajes telefónicos insolentes en la casa de Rosa. Y así. En el quinto círculo aparecen los esposos infieles, a los que sus mujeres descubren por una foto delatora que les llega por e-mail, o por un intercambio de mensajes fogosos con tal o cual compañera de trabajo. Hay cientos de matrimonios disueltos por un clic de Pandora apretado con imprudencia. Más en lo hondo del infierno están los espionajes legales de los servicios de inteligencia a los correos privados de los ciudadanos, y la revelación electrónica de un soborno político o de una fuente informativa. Al-Qaeda y Osama ben Laden también son protagonistas de la historia. El origen de sus dineros y dos o tres de sus conspiraciones fueron rastreadas y abortadas gracias al espionaje de sus e-mails. Send está lleno de curiosidades para los usuarios. Informa, por ejemplo, que el primer e-mail de la historia fue enviado por el Pentágono desde la Universidad de Los Angeles a la de Stanford. Decía solamente “Lo”. Esas dos primeras letras de Login (conectar) fueron las únicas en llegar a destino antes de que la computadora se atascara. Otro dato curioso, revelado en 2005 por dos investigadores del MIT, señala que, mientras que el 90 por ciento de los mensajes llegan en cinco minutos, el resto queda varado durante meses en el espacio virtual de ninguna parte. El universal signo @, que separa el nombre del usuario del sitio de Internet donde está ubicado su correo, se designa de manera diferente en casi todos los idiomas. En español es arroba, por la vieja unidad de medida y de masa; en inglés es at, la preposición que indica un lugar; en hebreo es shablul, que significa caracol; también se llama caracol en italiano, chiocciola; kukac o gusano en húngaro; y Xian Lao Shu o ratoncito en el mandarín de Taiwan. El jueves 13 de septiembre, cuando mi vecino Murray Steinberg celebraba el Año Nuevo judío, le llevé de regalo un ejemplar de Send. La familia de Murray es numerosa: cuatro hijos, dos nueras, tres nietos. Me sorprendió verlo comiendo solo en la penumbra del comedor. Le advertí que estaba de paso por sólo unos minutos y le entregué el libro. Casi me lo tiró por la cabeza. Me contó que había estado llevando un diario en el que escribía todo lo que pensaba. Ese día, aprendiendo el lenguaje de los e-mails, copió fragmentos del diario para mandárselos a sí mismo, con la idea de que si los ocultaba con una contraseña estarían más seguros. Oprimió la tecla equivocada y se los envió a toda la familia. Fue un error tonto y fatal. Al abrir sin querer la caja de Pandora, todos los males de su vida secreta le cayeron encima.
Por Tomás Eloy Martínez
Para LA NACION

domingo, agosto 26, 2007

Praga








Puente sobre el Moldava
Misteriosa, bohemia y artística, Praga es la perla de Europa del Este. De los barrios de Malá Strana a la Ciudad Vieja, un paseo sobre el puente de Carlos IV, uno de los más antiguos y emblemáticos de la ciudad, que en 2007 cumple 650 años.

Por Graciela Cutuli
Algo tiene Praga que fascina, y no es nada difícil descubrirlo. Lo difícil es saber con cuál de sus encantos quedarse. Formada por cinco antiguas ciudades en torno del río Moldava (Vlatava en su nombre local), el gótico y el barroco parecen haber querido reunir sus esplendores en esta capital hecha de monumentos pero también de callecitas recónditas, que supo de la gloria y también del sufrimiento. Para organizar el viaje es posible plantearse un recorrido temático, que vaya de la Praga de los Habsburgo a la Praga art-nouveau de la Ciudad Nueva, del Barrio Judío al Castillo de Praga, o bien partir de la Ciudad Vieja, a un lado del célebre puente de Carlos IV, hacia Malá Strana, uno de los sectores mejor conservados. La ventaja de Praga es que es relativamente pequeña y caminable, además de infinitamente fotogénica. Y durante todo el recorrido suenan, como un rítmico acompañamiento en la memoria, las notas del “Moldava”, del compositor checo Bedrich Smetana, que evoca en sus compases el curso del río que atraviesa la ciudad. Sobre el Moldava se levanta el puente de Carlos IV. Y sobre este puente pasó buena parte de la historia de Praga.
El antiguo y sólido puente sobre el Moldava enlaza la Ciudad Vieja con el barrio del famoso castillo.
Una panorámica de la ciudad de Praga, una de las más bellas de la vieja Europa.
Arte y arquitectura se dan cita en cada rincón de la histórica capital checa.
El puente de Praga




El puente de Carlos IV merece un lugar en los más famosos del mundo, desde el inconcluso de Aviñón hasta el antiguo Pont Neuf de París, sin olvidarse los modernos de Brooklyn o el Golden Gate en Estados Unidos. Con más de 500 metros de extensión y diez de ancho, une las dos orillas del río, respectivamente los barrios de Stare Mesto y Malá Strana. La construcción comenzó en 1357 por orden de Carlos IV, para reemplazar el puente anterior destruido por una inundación, y fue realizado con bloques de arenisca, que se reforzó uniendo a la argamasa huevos y vino. Parece que la mezcla dio resultado, porque 650 años después sigue sólidamente en pie. Y eso que en sus siglos de historia no le faltaron agitaciones: desde numerosas inundaciones que afectaron algunos de sus pilares (la última fue el desborde del Moldava en 2002, que provocó graves daños en Praga), hasta batallas que se libraron sobre su pasarela. En verdad la teoría del añadido de huevos a la argamasa es una leyenda, pero algunos estudios realizados recientemente –aunque no pueden probarlo– confirmaron que hay en la construcción elementos orgánicos. Lo cierto es que la piedra fundamental del puente se colocó a la hora que determinaron astrólogos y expertos en las arcanas ciencias de la numerología: las 5.31 del 9 de julio de 1357. Un momento que, escrito bajo la forma “palindrómica” (es decir capicúa) 135797531, se encuentra grabado en la torre de la Ciudad Vieja. Como es de imaginar, la obra fue larga y costosa; y el puente se construyó hasta principios del siglo siguiente, financiando la obra con el cobro de peajes. Bien valía la pena, ya que su importancia la convirtió en un centro comercial en sí mismo, y en testigo de una historia que llevó a Praga desde el esplendor de la Edad Media hasta los vaivenes de la Guerra de los Treinta Años, cuya tregua se firmó sobre el mismísimo puente en 1648.
Noche y día
Vale la pena cruzar el puente de Carlos IV al menos en dos momentos del día, a la sombra de las 30 estatuas que lo bordean, y que fueron colocadas –dándole su aspecto actual– entre 1683 y 1938. Casi casi, otro caso de estudio para los numerólogos, ya que 83 es la inversa de 38, y lo mismo podría decirse del 6 y el 9 invirtiendo sus posiciones... Pero dejando de lado estas curiosidades, de mañana y durante el día el puente es una suerte de mercado al aire libre donde vendedores de toda clase de cosas se disputan la atención de los turistas. Los mismos que convirtieron a Praga en una de las capitales turísticas mundiales desde la apertura de los años ’90, cuando Europa occidental redescubrió una de las más bellas ciudades del Este, por entonces a costos impensables para las economías del Oeste. Por la noche, en cambio, la luna llena pone sobre el puente un especial toque de romanticismo, y si hay niebla para acompañar, la silueta de Praga toma entonces un perfil entre feérico y fantasmagórico que combina muy bien con sus leyendas y tradiciones.
De un lado queda Malá Strana, la parte barroca de la ciudad, fundada sobre las laderas de la colina del castillo, que se divisa al fondo. Allí están la tradicional plaza dominada por la iglesia de San Nicolás, el palacio Schönborn y el palacio Wallenstein, así como la encantadora isla Kampa, la “Venecia de Praga”. Del otro lado del puente se levanta la Ciudad Vieja, Stare Mésto, que empezó a desarrollarse alrededor del siglo XI y doscientos años después se convirtió en ciudad con ayuntamiento propio. Varias de las calles son peatonales, flanqueadas por edificios de gran belleza y carácter, sobre todo las concentradas en torno de su plaza principal, como la otra iglesia de San Nicolás. Por esta parte de la ciudad se pueden seguir también las huellas de Franz Kafka, uno de los habitantes ilustres de Praga.
Actualmente el puente de Carlos IV es peatonal, aunque antiguamente permitía el paso de hasta cuatro carruajes simultáneamente. Sus torres góticas forman parte del diseño original, y se destaca especialmente la de la Ciudad Vieja, diseñada por Peter Parler, que también dirigió las obras del puente. En el primer piso hay una galería mirador, que tiene excelente vista sobre Malá Strana y el castillo de Praga. En cuanto a las esculturas (que son casi todas copias de las originales, conservadas en el Museo Nacional de Praga), son también casi todas de estilo barroco y fueron realizadas en su mayoría entre 1683 y 1714. Representan santos muy venerados en la época, como San Adalberto, San Juan de Mata, San Félix de Valois o Santa Lutgarda, cuya estatua se considera una de las principales artísticamente hablando, y evoca la historia de la monja que se recuperó de la ceguera al tocar las llagas de Cristo. Al cruzar hay que prestar atención al crucifijo de madera que se colocó en 1629, y fue durante mucho tiempo el único ornamento del puente, así como a los relieves que representan el martirio de San Juan Nepomuceno, arrestado y torturado por su desacato al rey, y luego arrojado desde el puente. El culto a este santo se promovió para contrarrestar la fuerte influencia del religioso reformista Jan Hus.
Finalmente, aunque cueste, habrá que decidirse a dejar atrás este puente (que no se visita como un medio para cruzar de un lado a otro, sino como un monumento en sí mismo). Es que en Praga es mucho todavía lo que espera ser visto: la Torre de la Pólvora, la Casa de los Osos Dorados, la iglesia de Nuestra Señora de Týn, el reloj del ayuntamiento (cuyo constructor fue cegado, para que no repitiera su obra maestra), el Barrio Judío con su cementerio y sus sinagogas, las casas cubistas, el convento de Santa Inés, el castillo de Praga, la Catedral de San Vito, el Monasterio Strahov y la Ciudad Nueva, que aunque se fundó en el siglo XVI sufrió un importante proceso de reurbanización, al que le debe su fisonomía actual, en el siglo XIX. Lo cual, para una ciudad de la historia de Praga es algo casi totalmente nuevo.

Familia López Hernando





































domingo, agosto 19, 2007

Mitos argentinos


Sandro de América

larga vida y feliz cumple.....Maestro!

sábado, agosto 18, 2007

La última cena de Pier Paolo Passolini


Sporco comunista", "mascalzone", "frocio", "fetuso"... ("sucio comunista", "sinvergüenza", "golfo", "maricón"...).

Son las últimas palabras que escuchó Pier Paolo Pasolini antes de ser apalizado hasta morir en la noche del 1 al 2 de noviembre de 1975. Los mismos insultos que hasta hace poco ensuciaban su monumento funerario, que recuerda el lugar donde se perpetró el homicidio en un desolado paraje de Ostia, a 30 kilómetros de Roma. El Ayuntamiento de Ostia Lido decidió cercar la estatua con alambre y unas rudimentarias vallas de madera para evitar las pintadas que deshonraban al artista que amaba a los ragazzi di vita (muchachos de la vida).

"Pino no tenía cara de asesino...", dice la dueña de la 'trattoria' donde cenaron el director y el homicida
Las autoridades han vallado su estatua en Lido de Ostia para evitar las pintadas y a los yonquis
Sobre el páramo yermo donde fue reventado a palos hace 31 años se alza ahora una columna más cursi que simbólica, coronada por una paloma que sostiene en el pico una luna llena. Se supone que se puede visitar de lunes a sábado, entre las 9.00 y las 13.00, pero casi nunca está el guarda que abre el candado de la verja. "Venían los chicos y la ensuciaban con sprays. Por la noche se reunían para beber o chutarse. Aquí hay mucha droga, ¿sabe?", dice Giampietro Falcone, taxista de profesión.
"Gente normal, / me condenáis: / a temblar, / a odiar, / a ocultarme, / a desaparecer...", decía el director italiano que, tres décadas después de su muerte sigue levantando ampollas como prueban las verjas del monumento de la Via del Idroscalo, una calle-carretera que discurre entre barbechos salpicados de barracas deshabitadas y galpones que alojan coches polvorientos. Las autoridades programan allí homenajes periódicamente, así que había que mantenerlo a salvo de pintadas y de yonquis.
¿Qué conmemora en realidad el monumento? Según la versión oficial, que Roberto Pelosi, apodado Pino Rana, un chapero de 17 años, golpeó hasta la muerte a Pier Paolo Pasolini, de 53 años. La otra versión, defendida por sus allegados y espoleada por la periodista ya fallecida Oriana Fallaci es que fue víctima de una conspiración política, y que Pelosi sólo fue el cebo que le condujo a la emboscada en la que participaron al menos tres sicarios.
Sea como fuere, si alguien quisiera rememorar hoy el crimen no encontraría muchas dificultades. Los escenarios siguen casi intactos. Como la estación Termini, donde el cineasta recogió al joven prostituto y le invitó a subir en su coche, un Alfa Romeo GT plateado. Los chaperos que amó Pasolini siguen allí. Ya no se amparan bajo los restos de la muralla aureliana, que apesta a orines. Ahora lo hacen en el interior de la estación, en la entrada de la Via Giovanni Giolitti, junto a las escaleras mecánicas. Basta un guiño y se acerca un veinteañero de tez cobriza. "Soy Rocco", afirma, entre descarado y amenazante mientras sus hermanos de oficio contemplan la escena. La única diferencia es que hoy llevan cinturones con unas enormes hebillas en las que se lee D&G y se calan gafas de sol de imitación de grandes marcas. Rocco ofrece sus servicios con dos tarifas. En los aseos de la estación, 50 euros; si hay que salir, el precio sube.
Pino Rana declaró en el juicio que Pasolini le ofreció 20.000 liras de entonces (unos 10 euros). El chapero, que ahora tiene 48 años, subió al Alfa del artista, que cogió la Via Nazionale para salir de la ciudad. En el trayecto, al muchacho le entró hambre. Pasolini conocía una trattoria, junto a la basílica de San Pablo, en la Via Ostiense, que conduce a la costa. Se llamaba y se llama Biondo Tevere. Un local alojado en una casa de dos pisos, de paredes encaladas y una luminosa terraza con vistas al Tíber (Tevere) del que toma el nombre. Al artista boloñés le encantaba pasar allí las horas muertas "pensando y escribiendo sus cosas". Las comillas son de Giuseppina Panzironi, cocinera y regente del local desde hace cinco décadas. Ahora tiene 76 años. Ella preparó la última cena de Pasolini y de su homicida. Sentada en la misma mesa donde ambos compartieron mantel rememora la escena: "Nos dijo que le preparáramos algo al chico, que él no tenía hambre porque ya había tomado un bocado en Roma". En su voz hay cierta inquietud, como si esperara aún una revelación que esclareciera lo sucedido aquella fatídica noche. "Era el día de Todos los Santos y no había mucha gente. Mi marido, Vincenzo, les tomó nota. El muchacho pidió spaghetti all'aglio, olio e peperoncino y pechuga de pollo. Pero él insistió en que no tenía apetito, que le bastaba con una birra y una banana. Sólo eso". Ésa fue la última cena del director de El Evangelio según San Mateo. "Se le veía tranquilo. Hablaba en voz baja con el muchacho mientras éste comía... Pino no tenía cara de asesino. Tenía cara de... chiquillo", apunta.
La sala de la planta de abajo de la trattoria se ha convertido en un pequeño museo en torno a la figura del director de Edipo Rey. De la pared cuelgan fotos suyas junto a sus amigos y los actores con los que trabajó como Ana Magnani, dibujos y poemas manuscritos. Sus íntimos en Biondo Tevere eran el escritor Alberto Moravia y su esposa Elsa Morante, y el poeta Dario Bellezza. "Él era muy tranquilo, nunca armaba jaleo, ni bebía. Si acaso una cerveza. Cuando acababa no esperaba la cuenta. Le daba a Vincenzo un cheque en blanco y le decía 'pon tú la cantidad", dice la anciana cocinera.
Giuseppina no tiene constancia de que nadie siguiera al Alfa Romeo hasta su local, ni que le estuvieran esperando a la salida, como apunta la versión conspirativa que hizo reabrir el caso hace tres años. Sólo sabe que el auto partió sobre las doce de la noche hacia Ostia.
Pasolini era un maldito y el malditismo le ha perseguido hasta después de su muerte. El lugar donde cayó muerto, perteneciente a Lido de Ostia, no es el destino turístico ideal. "Entonces venían aquí personas importantes, gente del cine como Fellini y Sordi. Pero ahora nos cae esta chusma de la droga y los turistas se espantan", dice el taxista Falcone. Porque en la estación de Lido Nord no sólo se bajan bañistas, sino muchos enganchados que vienen a buscar su dosis. Pietro es uno de sus camellos. Trabaja en los alrededores de la plaza Lorenzo Gasparini, en el mismo centro del Bronx, como le llaman a este barrio los lugareños. La policía hace redadas periódicas, pero no ha conseguido acabar con la reputación como uno de los supermercados de la droga romana.
Pasolini celebró a estos desharrapados, a los accattone, el proxeneta que protagonizó su primera película. Pietro conoce a casi todos estos muchachos del bogarte (de la calle). Pero no tiene ni idea de quién fue Pasolini, el muerto más ilustre de su localidad. Viéndole trapichear, uno imagina que Pasolini volvería a morir aquí si le dejaran elegir, junto a Pietro, junto a Pino Rana, sin monumentos.
Para El país viernes 17 de agosto de 2007

lunes, agosto 13, 2007

La Stasi, y el peso de la mentira





Berlín. (EFE).- A punto de cumplirse el 46 aniversario de la construcción del Muro de Berlín ha aparecido el primer documento que demuestra que existía una orden explícita de disparar contra las personas que intentaran huir de la República Democrática Alemana (RDA).

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El documento hallado en una dependencia de los archivos de la Stasi -la policía secreta de la RDA- en Magdeburgo data del 1 de octubre de 1973 y está dirigido a una unidad especial infiltrada en las brigadas fronterizas, cuya misión era evitar la fuga de los propios soldados, algo que ocurría a menudo. "No duden en hacer uso de las armas, ni siquiera si la trasgresión fronteriza se produce con mujeres y niños, algo que los traidores utilizan con frecuencia", reza el texto de la orden de la que se hacen eco hoy los medios alemanes. En el documento se subraya que "es deber" de todo miembro de esa unidad responder a la "astucia" de los que quieren darse a la fuga mediante la "detención" o "liquidación". Se trata de la primera vez que aparece escrita una orden explícita de disparar en el muro interalemán. Según el portavoz de los archivos de la Stasi, Andreas Schulze, en declaraciones a varios periódicos, oficialmente las leyes de la RDA tan sólo contemplaban el uso de armas como "última medida". Los dirigentes de la RDA habían negado siempre la existencia de una "orden de disparar". La orden secreta de 1973 demuestra, según Schulze, que "la historia de la RDA no se ha terminado de contar". Hasta ahora no hay ni siquiera certidumbre sobre el número exacto de personas que fallecieron al intentar huir de Alemania oriental. Según los responsables del Museo del Muro en Berlín, el número de muertos asciende a 1.200. La fiscalía de Berlín, en cambio, sólo ha podido demostrar 270 muertes. El 13 de agosto de 1961 el Gobierno de la RDA dio la orden de erigir un muro entre la parte oriental y la occidental de la ciudad, que dividió Alemania hasta su caída en noviembre de 1989. Como todos los años, hoy se celebran diversos actos de conmemoración de las víctimas, que incluyen, por ejemplo, una ofrenda floral del alcalde gobernador, Klaus Wowereit, en la Bernauer Strasse, en su momento uno de los puntos más llamativos de la división, pues eran los propios edificios de esa calle los que hacían las veces de muro. Cuando se empezó a erigir el muro muchos inquilinos de esas casas se arrojaron al vacío para caer en la parte occidental: algunos sobrevivieron, otros murieron.


para La vanguardia 13 de agosto de 2007

domingo, agosto 12, 2007

Ariel Roth




Histórico & Elegante
Estuvo en la legendaria Tequila, banda fundadora del rock en España. Fue parte fundamental de la banda de Andrés Calamaro en los años ’80. Compuso con él algunos de los hits de aquellos años. Y ya en los ’90 fundaron juntos Los Rodríguez. Ahora, con un puñado de discos solistas que destilan clásicos de bajo perfil, Ariel Rot reclama sus merecidos laureles como solista con Dúos, tríos y otras perversiones, un disco con invitados de acá y de allá, en el que recupera todas esas grandes canciones de su carrera que merecen ser escuchadas una vez más.

Por Rodrigo Fresán
1 La última vez que hablé con Ariel Rot no fue en persona sino por teléfono. Ariel vive en Madrid y yo en Barcelona y, por esos misterios del espacio/tiempo, las dos ciudades están mucho más lejos una de otra de lo que nos cuenta la supuesta veracidad de los mapas. Así que yo, desde el móvil de Alfredo Garófano, un amigo en común, le comenté a Ariel que acababa de ver por primera vez el magnífico videoclip de esa todavía más magnífica canción que es “Ahora piden tu cabeza”: suerte de credo ético y estético del oficio, graciosa a la vez que profunda reflexión sobre la fugacidad del afecto de los seguidores, equivalente en el canon rotiano a la “Tower of Song” de Leonard Cohen. Y me acuerdo de que le dije a Ariel que lo que, además de todas las virtudes ya señaladas, me impresionó y me gustó mucho de la canción y del clip –en el momento en que él aparece a bordo de un bote, tocando su guitarra y cantando– fue un movimiento, un movimiento más inteligente que astuto (que no es lo mismo) que hacía él con su cabeza a la hora de rasguear las cuerdas para así subrayar la intención de un determinado verso. Véanlo ustedes a la altura del DVD que aquí se incluye, pero entonces yo no pude ver la cara de Ariel porque –ya lo apunté– todo pasaba a través de un móvil que aún no había crecido lo suficiente pero ya crecerá a mini cámara-monitor y todo eso. Pero sí detecté cierto desconcierto del otro lado de los pulsos y después, enseguida, a un intrigado Ariel Rot: “¿Te parece? ¿Cuál movimiento? ¿En qué parte?”, preguntó. En resumen: Ariel no se había dado cuenta de lo que había hecho o –lo que es mejor– lo había hecho sin darse cuenta. Y, de acuerdo, supongo que lo que acabo de contar no contiene la épica o el desenfreno o la trascendencia histórica que suele exigírseles a las grandes leyendas urbanas o camineras o campesinas del rock. Pero para mí es muy importante porque, me parece, define a la perfección el perfil y frente, los solos y las estrofas, de Ariel: un tipo elegante por encima de todo y de todos. Y se sabe: los auténticos elegantes son aquellos que no son conscientes de su propia elegancia, que no van por ahí preocupados por ser elegantes, que le dedican al asunto el mismo esfuerzo que le dedican al tan simple como complejo imprescindible acto de respirar. Sí: los verdaderos elegantes son los que menos piensan en la elegancia.
Y punto.
2 Y aparte. Pero, de algún modo, seguido. Porque Ariel Rot no deja de seguir, de continuar. Ariel es, además de elegante, también, un tipo histórico: uno de esos contados dueños de la Historia quien, para hacer todavía más evidente su condición de eternauta, parece no envejecer. Las modas pasan y Ariel –nada que ver con un delicated follower of fashion– permanece. Ariel es una de las pocas personas que conozco que son históricas (lo que, según pasan los años, no es tan difícil de ser) y dignas (lo que sí es muy difícil, porque si algo nos regala el tiempo es la oportunidad de meter una y otra vez la pata, de tropezar tantas veces con la misma piedra). Así que digámoslo así: Ariel cada vez canta y toca y compone mejor pero, también, siempre está más o menos igual, intacto, fiel a sí mismo, bien trajeado y listo para salir al ruedo y al escenario. Vivo y en directo, la actitud y la estampa de Ariel siempre ha sido irreprochable. Ya sea en la juvenil velocidad tan madrileña de Tequila (con los Stones como pecadores santos patrones); en el pop-fashionista ’80 de sus primeros tiempos a solas; en el primer encuentro con Andrés Calamaro (pensar en “Cartas sin marcar”, en “Sin saber qué decir” o en esa cima del argen-beat que es “Pasemos a otro tema”); en la euforia entre canalla y caballerosa que fueron Los Rodríguez: inocentes y culpables, ahora actuando en el fantasmal Canal 69, de haber influenciado a buena parte –lo muy noble y lo inapelablemente bastardo– de lo que hoy pasa y suena y sonando pasará en el paisaje ibérico. Así hasta llegar a lo que (y que para mí, ya comienza a oírse en canciones tempranas como “Estoy en la luna” y “Los pactos”, se continúa en la delicadeza de sus partes en “Sin saber qué decir”, “Me estás atrapando otra vez”, “Dulce condena”, “La mirada del adiós”, “Especies que desaparecen” o la magnífica “Buena suerte”), a falta de un mejor nombre, puede entenderse como su madurez. Aquí y ahora, otra vez a solas, pero más que bien acompañado: aquella mirada “desde afuera” de “Milonga del marinero y del capitán” conectando la mítica y mística del rocker curtido en “Hoja de ruta” o con el recuerdo de chicas peligrosas que acabaron siendo tan sólo un peligro para sí mismas en “Vicios caros” o “Muñeca rota” no impidiendo sino alentando, de vuelta a casa, a los ojos vueltos hacia adentro en la perfección entre doméstica y confesional de “Una casa con tres balcones”, la canción de cuna para despertarse que es “Gustos sencillos”, “Yo no sé dónde estaría”, “Los tipos duros no bailan” y la ya varias veces tarareada aquí “Ahora piden tu cabeza”. Canciones todas ellas que giran en los álbumes Hablando solo, Cenizas en el aire, Lo siento, Frank y Ahora piden tu cabeza. Canciones donde no hay juegos de palabras, pero las palabras sí miran jugar. Canciones en las que sigue haciendo calor, pero no tanto como antes, porque lo que aquí importa –lo que demuestra el crecimiento de Ariel Rot como songwriter de ley y orden– es que ahora también hay tiempo para cantarles a esas corrientes de aire frío que se cuelan por grietas y puertas entreabiertas.
Digámoslo así, parafraseándolo a él mismo: con Ariel Rot el tiempo hizo lo suyo, aflojó los tornillos e hizo crecer goteras en la azotea, sí, pero también, sobre todo, le fue, le sigue, le seguirá sacando brillo.
3 Por ahí y desde hace un tiempo anda dando vueltas la idea de que todo escritor del tipo “joven” en realidad siempre quiso ser rock star. No es mi caso, aunque sí siempre me interesaron las personas plugged y unplugged por su siempre implícita potencia de personajes. Y, entre todos ellos, claro, los guitarristas que vienen a ser algo así como el tótem y fetiche de la cuestión y, me temo, a partir de aquí este texto se va a poner aún más descaradamente personal.
Dicho esto, diré que siempre me interesó Ariel Rot. Por cuestiones geográficas me perdí el fenómeno Tequila, pero tengo que decir que Ariel Rot me intrigó desde la primera vez que lo vi y lo escuché, en uno de esos inevitables macroprogramas sabatinos de la televisión argentina. Ariel Rot había vuelto a Buenos Aires –importado o repatriado por el entusiasmo del productor y conductor del show– para presentar Debajo del puente, disco y canción que de inmediato me hizo ponerme alerta, porque esa canción, por suerte, aunque sin enfrentarse a nada ni a nadie, tampoco parecía encajar en absoluto en el territorio siempre riguroso y un tanto paradójicamente castrador de las etnias musicales porteñas. De esa experiencia, de esa visita, si mal no recuerdo, Ariel Rot prefiere no acordarse.
Meses más tarde, conocí a Ariel Rot en persona. No recuerdo el día exacto, pero sí la noche precisa, en un piso con vistas al Cementerio de la Recoleta. Eran los tiempos en que Ariel Rot giraba con Andrés Calamaro las canciones de, para mí, dos títulos legendarios: Por mirarte y Nadie sale vivo de aquí. Eran momentos difíciles, las redondas canciones pop, los rocks angulosos no eran lo que se usaba por aquel entonces y sólo diré aquí que acompañé a esa banda a lo largo y ancho de varios bares y fondas de mala muerte y de buena vida donde, en escena, cualquier cosa podía suceder e, invariablemente, todo sucedía. No entraré en detalles porque la discreción me lo reclama e impide, pero sí diré que, en el epicentro del terremoto y en el ojo morado del huracán y en la carcajada de la situación más lamentable, Ariel se las arreglaba para conservar siempre ese aire de dandy recién aterrizado a la vez que esa dureza de marine fogueado en los más difíciles desembarcos. Desde allí y hasta aquí, jamás he oído a nadie hablar mal, ni nadie me ha hablado mal de Ariel. Todo lo contrario. Supongo que significa algo, estoy seguro de que importa mucho, me consta que es algo que no sucede seguido, casi nunca.
Y entonces y ahora, en las malas y en las buenas, Ariel –en la estrechez de un camerino, en la penumbra de un autocar, en la demasiado poblada mesa de un restaurante donde siempre se puede hacer un aparte o en la privacidad de un living con varias horas por delante– siempre me sorprendió como uno de esos contados músicos que jamás se ponía a monologar sobre la certificada leyenda propia, prefiriendo conversar acerca de todo lo demás que le interesaba: de cine, de libros, de arte y no exclusivamente sobre lo que se usa o lo que está en boca y oído de todos. Y, claro, especialmente sobre música. Pocas veces me he reído más y nunca he comprendido mejor los brillos y miserias del panorama rocker de aquí, de allá y de todas partes, que al ser desmenuzados por Ariel con los mismos modales con que toca la guitarra. Una guitarra que, si las guitarras cantaran, tendría la voz de Frank Sinatra. Una guitarra más de oxígeno que de aire y que más de uno habrá intentado imitar, en vano, frente al espejo de lo inimitable: ese implacable buen gusto pero pulso firme y clínico, esa púa funcionando como un bisturí al que no le hace falta ningún tipo de anestesia, esas notas justas que siempre sacan la mejor nota. La guitarra que es la mejor de la clase y en su clase dándole a cada uno lo que le toca y a cada canción lo que le corresponde. Aquello que es lo que distingue todos los tracks incluidos en este Etiqueta negra: la posibilidad que sólo te brinda el talento de poder dedicarse a cada una de las canciones como si se tratara de todo un long-play, empezando y terminando en sí mismo. Una dialéctica enciclopédica que le permite a esta guitarra saber tan reflexiva como instintivamente lo que necesitan todas ellas.
Y dárselo.
Eso que nos ha venido dando Ariel Rot desde hace tres décadas (volviendo a lo de antes y para ir cerrando: nunca quise ser rock-star, pero me molestaría mucho no ser amigo y público del histórico y elegante Ariel Rot) y que aquí se resume, pero no se consume. Porque –insertar aquí ese movimiento de cabeza, ese movimiento de esa cabeza que siempre piden, pero que jamás se entrega o se rinde– aunque ya es tarde y amanece, esta fiesta nunca se desvanece.
Dúos, tríos y otras perversiones es la edición local de uno de los cuatro discos que incluye la caja de rarezas, extras y DVD que salió en España con el nombre de Etiqueta negra, y que acá sólo se consigue a través de disquerías especializadas que la importen. Los textos de Andrés Calamaro, Rodrigo Fresán y David Bonilla forman parte del excelente dossier incluido en esa caja. Las fotos de Alfredo Garófano fueron especialmente realizadas para esta nota.


Para Página 12 Domingo 12 de agosto de 2007




viernes, agosto 10, 2007

Aquí se sentó Mafalda


Muy pronto, "la casa de Mafalda" tendrá una placa que la recuerde. Se trata de una edificación ubicada en Chile 371, en el barrio de San Telmo, que sirvió de inspiración a Quino al momento de dibujar el lugar donde vivía su personaje más famoso.
Pablo Mancini, uno de los dos bloggers que iniciaron hace casi dos años el proyecto de colocar allí una identificación, informa hoy en su página web que la Legislatura de la Ciudad le informó que ya se están barajando fechas para el acto.
La iniciativa surgió en 2005. Ese año, los alumnos de la Maestría en Periodismo de Clarín realizaron una publicación, en la que dieron cuenta de la existencia de esa casa, donde no había (ni hay aún) ninguna identificación relacionada con uno de los personajes de ficción más emblemáticos de nuestro país.
Mancini y Darío Gallo -dos bloggers que conocieron el dato a través de la revista, llamada "Aires del Sur"- crearon una bitácora, titulada "La casa de Mafalda", con el fin de juntar firmas para que el gobierno porteño coloque una placa allí. El proyecto fue impulsado por el legislador socialista Norberto Laporta y se convirtió en ley en diciembre del año pasado.
La placa incluirá la frase "Aquí se sentó Mafalda". El texto de la resolución que aprobó la ley señala que, con una identificación, el lugar constituirá "un hito turístico y cultural dentro de la ciudad" y "un punto inevitable de todos los turistas que visiten el barrio de San Telmo".

martes, julio 31, 2007

Sentido común


Quién fue Pitágoras
Por Adrián Paenza
Cuando uno habla de la belleza de la matemática, inexorablemente tiene que producir algo precioso que justifique el calificativo.
Lo que sigue es una de las demostraciones más espectaculares y atractivas del teorema de Pitágoras. Créame que si en el momento en que usted o yo nos tropezamos con Pitágoras por primera vez nos hubieran mostrado lo que sigue, no hubiéramos penado ni con el enunciado ni con su estética maravillosa.

Es más: créame que ni siquiera hace falta que escriba el enunciado del teorema. Lo va a deducir usted sola/o. Anímese que vale la pena. Acá va la historia.
Hace muchos años, Carmen Sessa –extraordinaria referente en la Argentina en cualquier tema que tenga que ver con la didáctica de la matemática y en la forma de comunicarla– me acercó un sobre con varias demostraciones del teorema de pitágoras. No recuerdo de dónde las había sacado, pero ella estaba entusiasmada al ver cuántas maneras distintas había de demostrar un mismo hecho.

Tiempo después supe que hay un libro (The Pythagorean Proposition o “La proposición Pitagórica”) que contiene 367 pruebas de este teorema y que fue reeditado en 1968.
De todas formas, y volviendo a las pruebas que me había dado Carmen, hubo una que me dejó fascinado por su simplicidad. Es más: a partir de ese momento (última parte de la década del ’80) nunca paro de reproducirla cada vez que puedo. Y de disfrutarla. Ahora lo invito a que la comparta conmigo.
Usted no necesita saber nada.

Bueno, casi nada.

Hace falta que usted sepa lo que es un triángulo, un ángulo recto (de 90 grados) (como si fuera una escuadra) y que sepa que se llama triángulo rectángulo justamente a un triángulo que tiene un ángulo recto. Eso es todo.
Por último, si usted fuera a alquilar una pieza para vivir y le dijeran que es de 4 x 5 , ¿podría contestar usted los metros cuadrados que ocupa? Estoy seguro de que sí (20, tiene razón) ¿Y cómo lo hizo? Lo dedujo multiplicando los dos números: 4 x 5. Bien. Eso es todo lo que hace falta. Bueno, acá voy.
Supongamos que se tiene un triángulo rectángulo que voy a llamar T, y a los lados los voy a llamar a, b y h .
Imaginemos que el triángulo T está hecho “pegando” tres hilos. Supongamos que se le puede “cortar” el lado h, y que uno puede “estirar” los lados a y b.
Con este nuevo “lado”, de longitud (a+b), fabricamos dos cuadrados iguales. Cada lado del cuadrado mide (a+b).
Marcamos en cada cuadrado los lados a y b, de manera tal de poder dibujar estas figuras .
Ahora, observemos en cada cuadrado cuántas veces aparece el triángulo T (para lo cual hay que marcar en un dibujo los cuatro triángulos T en cada cuadrado).
Como los cuadrados son iguales, una vez que hemos descubierto los cuatro cuadrados en cada uno de ellos, la superficie que queda “libre” en cada uno tiene que ser la misma .
En el primer cuadrado, quedan dos “cuadraditos” de superficies a2 y b2 respectivamente. Por otro lado, en el otro cuadrado, queda dibujado un “nuevo” cuadrado de área h2.
Conclusión: “tiene” que ser
a2 + b2 = h2
que es justamente lo que queríamos probar: “en todo triángulo rectángulo se verifica que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos”.
En este caso, los catetos son a y b, mientras que la hipotenusa es h.
¿No es una demostración preciosa?
Es sólo producto de una idea maravillosa que no requiere ninguna herramienta complicada.
Sólo sentido común.
para Página 12 martes 31 de julio de 2007.

miércoles, julio 25, 2007

Dia mundial fuera del tiempo

Marca el comienzo del año solar del calendario maya y coincide siempre con el 25 de julio del gregoriano. En varios puntos del país habrá ceremonias para festejarlo. En Buenos Aires, el Centro Cultural Sur será la sede de un encuentro que incluirá cursos de meditación, bandas en vivo y bailes chamánicos.

martes, julio 24, 2007

Internet


Internet no es una red de ordenadores, Internet es una red de personas".
El "Campus Party", conocido como el mayor evento de entretenimiento online del mundo, abrió sus puertas en Venecia bajo el lema "Internet no es una red de ordenadores, Internet es una red de personas". Durante la inauguración, realizada en la medianoche de ayer, una orquesta sinfónica interpretó las bandas sonoras de los videojuegos más legendarios, como "Mario Bros", "Zelda", "Warcraft" y "Final Fantasy". En su undécima edición, la feria tiene previsto recibir en los próximos seis días más de 6.000 visitantes de España y del resto de Europa.Como ya ocurrió en versiones anteriores, este año el encuentro tiene lugar en las instalaciones de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Durante las 24 horas de día, el lugar dispone de una conexión a Internet de 5 gigabytes de ancho de banda, velocidad con la que sería posible realizar una descarga completa de toda la Biblioteca Nacional de España en dos horas. Además, el espacio cuenta con una zona para acampar. El encuentro tendrá talleres, competiciones, conferencias y actividades relacionadas con la informática, la astronomía, la robótica, los videojuegos, el software libre y el cine de animación. Según la directora del "Campus Party", Belinda Galiano, entre las novedades de esta edición figura "un área que, en forma de exposición interactiva, permitirá a los participantes ver en directo una selección de avances tecnológicos, gadgets y proyectos que están a punto de salir al mercado".
Clarin 24 de julio de 2007

viernes, julio 20, 2007

Viejo y árbol

Viejo con árbol
A un costado de la cancha había yuyales y, más allá, el terraplén del ferrocarril. Al otro costado, descampado y un árbol bastante miserable. Después las otras dos canchas, la chica y la principal. Y ahí, debajo de ese árbol, solía ubicarse el viejo.Había aparecido unos cuantos partidos atrás, casi al comienzo del campeonato, con su gorra, la campera gris algo raída, la camisa blanca cerrada hasta el cuello y la radio portátil en la mano. Jubilado seguramente, no tendría nada que hacer los sábados por la tarde y se acercaba al complejo para ver los partidos de la Liga. Los muchachos primero pensaron que sería casualidad, pero al tercer sábado en que lo vieron junto al lateral ya pasaron a considerarlo hinchada propia. Porque el viejo bien podía ir a ver los otros dos partidos que se jugaban a la misma hora en las canchas de al lado, pero se quedaba ahí, debajo del árbol, siguiéndolos a ellos.Era el único hincha legítimo que tenían, al margen de algunos pibes chiquitos; el hijo de Norberto, los dos de Gaona, el sobrino del Mosca, que desembarcaban en el predio con las mayores y corrían a meterse entre los cañaverales apenas bajaban de los autos.
—Ojo con la vía alertaba siempre Jorge mientras se cambiaban.

—No pasan trenes, casi tranquilizaba Norberto. Y era verdad, o pasaba uno cada muerte de obispo, lentamente y metiendo ruido.

—¿No vino la hinchada? ya preguntaban todos al llegar nomás, buscando al viejo. ¿No vino la barra brava?Y se reían. Pero el viejo no faltaba desde hacía varios sábados, firme debajo del árbol, casi elegante, con un cierto refinamiento en su postura erguida, la mano derecha en alto sosteniendo la radio minúscula, como quien sostiene un ramo de flores.

Nadie lo conocía, no era amigo de ninguno de los muchachos.

—La vieja no lo debe soportar en la casa y lo manda para acá bromeó alguno.

—Por ahí es amigo del referí —dijo otro.

Pero sabían que el viejo hinchaba para ellos de alguna manera, moderadamente, porque lo habían visto aplaudir un par de partidos atrás, cuando le ganaron a Olimpia Seniors.

Y ahí, debajo del árbol, fue a tirarse el Soda cuando decidió dejarle su lugar a Eduardo, que estaba de suplente, al sentir que no daba más por el calor. Era verano y ese horario para jugar era una locura. Casi las tres de la tarde y el viejo ahí, fiel, a unos metros, mirando el partido. Cuando Eduardo entró a la cancha —casi a desgano, aprovechando para desperezarse— cuando levantó el brazo pidiéndole permiso al referíí, el Soda se derrumbó a la sombra del arbolito y quedó bastante cerca, como nunca lo había estado: el viejo no había cruzado jamás una palabra con nadie del equipo.

El Soda pudo apreciar entonces que tendría unos setenta años, era flaquito, bastante alto, pulcro y con sombra de barba. Escuchaba la radio con un auricular y en la otra mano sostenía un cigarrillo con plácida distinción

.—¿Está escuchando a Central Córdoba, maestro? —medio le gritó el Soda cuando recuperó el aliento, pero siempre recostado en el piso.

El viejo giró para mirarlo. Negó con la cabeza y se quitó el auricular de la oreja.—No sonrió.

Y pareció que la cosa quedaba ahí. El viejo volvió a mirar el partido, que estaba áspero y empatado.

Música dijo después, mirándolo de nuevo.Algún tanguito? —probó el Soda.

—Un concierto.

Hay un buen programa de música clásica a esta hora.

El Soda frunció el entrecejo. Ya tenía una buena anécdota para contarles a los muchachos y la cosa venía lo suficientemente interesante como para continuarla. Se levantó resoplando, se bajó las medias y caminó despacio hasta pararse al lado del viejo.—Pero le gusta el fútbol —le dijo—. Por lo que veo.

El viejo aprobó enérgicamente con la cabeza, sin dejar de mirar el curso de la pelota, que iba y venía por el aire, rabiosa.—Lo he jugado. Y, además, está muy emparentado con el arte —dictaminó después—. Muy emparentado.

El Soda lo miró, curioso. Sabía que seguiría hablando, y esperó.—Mire usted nuestro arquero —efectivamente el viejo señaló a De León, que estudiaba el partido desde su arco, las manos en la cintura, todo un costado de la camiseta cubierto de tierra—. La continuidad de la nariz con la frente. La expansión pectoral. La curvatura de los muslos. La tensión en los dorsales —se quedó un momento en silencio, como para que el Soda apreciara aquello que él le mostraba—. Bueno... Eso, eso es la escultura...

El Soda adelantó la mandíbula y osciló levemente la cabeza, aprobando dubitativo.

—Vea usted —el viejo señaló ahora hacia el arco contrario, al que estaba por llegar un córner— el relumbrón intenso de las camisetas nuestras, amarillo cadmio y una veladura naranja por el sudor. El contraste con el azul de Prusia de las camisetas rivales, el casi violeta cardenalicio que asume también ese azul por la transpiración, los vivos blancos como trazos alocados. Las manchas ágiles ocres, pardas y sepias y Siena de los mulos, vivaces, dignas de un Bacon. Entrecierre los ojos y aprécielo así... Bueno... Eso, eso es la pintura.

Aún estaba el Soda con los ojos entrecerrados cuando al viejo arreció.

—Observe, observe usted esa carrera intensa entre el delantero de ellos y el cuatro nuestro. El salto al unísono, el giro en el aire, la voltereta elástica, el braceo amplio en busca del equilibrio... Bueno... Eso, eso es la danza...

El Soda procuraba estimular sus sentidos, pero sólo veía que los rivales se venían con todo, porfiados, y que la pelota no se alejaba del área defendida por De León.

—Y escuche usted, escuche usted... —lo acicateó el viejo, curvando con una mano el pabellón de la misma oreja donde había tenido el auricular de la radio y entusiasmado tal vez al encontrar, por fin, un interlocutor válido—... la percusión grave de la pelota cuando bota contra el piso, el chasquido de la suela de los botines sobre el césped, el fuelle quedo de la respiración agitada, el coro desparejo de los gritos, las órdenes, los alertas, los insultos de los muchachos y el pitazo agudo del referí... Bueno... Eso, eso es la música...

El Soda aprobó con la cabeza. Los muchachos no iban a creerle cuando él les contara aquella charla insólita con el viejo, luego del partido, si es que les quedaba algo de ánimo, porque la derrota se cernía sobre ellos como un ave oscura e implacable.

—Y vea usted a ese delantero... —señaló ahora el viejo, casi metiéndose en la cancha, algo más alterado—... ese delantero de ellos que se revuelca por el suelo como si lo hubiese picado una tarántula, mesándose exageradamente los cabellos, distorsionando el rostro, bramando falsamente de dolor, reclamando histriónicamente justicia... Bueno... Eso, eso es el teatro

.El Soda se tomó la cabeza.

—¿Qué cobró? —balbuceó indignado.—¿Cobró penal? —abrió los ojos el viejo, incrédulo.

Dio un paso al frente, metiéndose apenas en la cancha—.

¿Qué cobrás? —gritó después, desaforado—. ¿Qué cobrás, referí y la reputísima madre que te parió?

El Soda lo miró atónito. Ante el grito del viejo parecía haberse olvidado repentinamente del penal injusto, de la derrota inminente y del mismo calor. El viejo estaba lívido mirando al área, pero enseguida se volvió hacia el Soda tratando de recomponerse, algo confuso, incómodo.

—...¿Y eso? —se atrevió a preguntarle el Soda, señalándolo.

—Y eso... —vaciló el viejo, tocándose levemente la gorra—...Eso es el fútbol.

jueves, julio 19, 2007

Se fue el Negro


Argentina despide a un grande de la cultura

Negado para las matemáticas, la física y la quimíca, Fontanarrosa deja el secundario después de repetir tercer año. No siento ninguna frustración por haber abandonado: al fin de cuentas soy un precursor de la deserción escolar. De esos días, el único recuerdo agradable que se conserva es el de los días miércoles al mediodía que salía del colegio para comprar en el kiosco "Hora Cero". La revista, fundada por Héctor Germán Oesterheld, es considerada un hito de la historieta.


Roberto Fontanarrosa murió hoy luego de padecer una enfermedad que paulatinamente lo hizo perder su movilidad.
En 2003, el "Negro", como lo llamaban sus amigos y los vecinos de su Rosario natal, se enteró que padecía de esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad neurológica por la cual perdió paulatinamente su movilidad, lo que lo obligó a abandonar el dibujo de sus chistes cotidianos.
Creador de personajes como Inodoro Pereyra y Boogie el Aceitoso, autor de numerosos libros de cuentos, muchos de ellos best sellers, hace rato que Fontanarrosa había dejado de ser considerado solamente un dibujante de historietas para ocupar un respetado lugar también en las letras argentinas.
Reconocido, homenajeado y querido por escritores, periodistas, dibujantes, artistas e intelectuales en general, pero sobre todo por su pueblo, que era su público, se va un grande.
Roberto Fontanarrosa falleció hoy en el Sanatorio del Centro, en Rosario

miércoles, julio 18, 2007

youssou n’dour

Usted declaró que en Europa existen prejuicios sobre los africanos, pero que también los africanos adquieren en Europa prejuicios sobre sí mismos. ¿Hablaba de distintas formas de racismo?
–No sólo hablaba de racismo. El problema real es que Occidente tiene una imagen fija de Africa y no quiere cambiarla. Es la imagen de la pobreza, la selva, la guerra, el sida y la hambruna. Eso existe, pero también hay otras cosas. Hay otra cara de Africa. Por ejemplo, es cierto que, aquí en Ziguinchor, la gente no tiene dinero, pero si usted sale a la calle podrá comprobar que está contenta. Y esa imagen de solidaridad y de alegría es la que yo quiero mostrar. No sólo que los africanos no viven en los árboles.

martes, julio 17, 2007

Una de uruguayos



La celeste, que estuvo en los cielos
Por Eduardo Galeano
Hace más de medio siglo que el Uruguay fue campeón del mundo, en el inmenso estadio de Maracaná. Desde entonces, traicionados por la realidad, buscamos consuelo en la memoria.
Si aprendiéramos de ella, todo bien, pero no: nos refugiamos en la nostalgia cuando sentimos que nos abandona la esperanza, porque la esperanza exige audacia y la nostalgia no exige nada.
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El Bebe Coppola, de profesión peluquero, era también el director técnico del club de fútbol del pueblo de Nico Pérez. Esta era la orientación ideológica que daba a sus jugadores:
–La pelota al suelo, los punteros bien abiertos y buena suerte muchachos.
El Bebe Coppola no tuvo nada que ver con Maracaná. Pero fue como si lo estuvieran escuchando: así de simple, así de bien, jugaron aquellos uruguayos la final de 1950.
Más de medio siglo después, todo al revés: jugamos al pelotazo y que Dios se apiade; nuestros punteros, los wings, los alados, ya no vuelan y parecen más bien sonámbulos que deambulan por el centro de la cancha; nuestro fútbol es cerrado, avaro, pesado; y la buena suerte no nos acompaña. Mucho no la ayudamos, la verdad sea dicha, aunque nos sobran ideólogos dispuestos a proporcionar inteligentísimas explicaciones a cada uno de nuestros desastres.
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En aquella final de Maracaná, Uruguay cometió la mitad de las faltas que cometió Brasil.
Pero más de medio siglo después, abundan los uruguayos que dentro y fuera de la cancha confunden el coraje con las patadas y creen que la garra charrúa es otro nombre del crimen. En los partidos internacionales, nunca faltan los inflamados locutores y los hinchas rugientes que antes gritaban: métale, métale, y ahora mandan: mátelo, mátelo. Y hasta hay expertos comentaristas que elogian lo que llaman la falta bien hecha, que es el asesinato cometido cuando el árbitro está de espaldas, y la patada de ablande, que es la que se propina cuando el partido recién empieza y el árbitro no se anima a echar a nadie.
Hemos llegado a creer que no hay nada más uruguayo que jugar al borde de la tarjeta roja. Y si el árbitro la muestra, y quedamos con diez jugadores, ésta es la prueba de que el rival juega con doce: el juez nos ha robado, una vez más, el partido. Y entonces la autocompasión, pobrecito paisito, se nos llena de diminutivos.
- - -
A partir de Maracaná, en realidad, hemos ido de mal en peor.
Quizás algo tenga que ver la decadencia del fútbol con la crisis de la educación pública. Nuestros años dorados han quedado muy atrás: en la década del veinte fuimos dos veces campeones olímpicos, en 1930 ganamos el primer campeonato mundial y 1950 fue nuestro canto del cisne. Aquellos milagros parecían inexplicables, en un país con menos gente que un barrio de Ciudad de México, San Pablo o Buenos Aires. Pero desde principios de siglo nuestra educación pública, laica y gratuita había sembrado campos de deporte en todo el país, para educar el cuerpo sin divorciarlo de la cabeza y sin distinguir pobres de ricos.
- - -
Un drama de identidad. Triste anda quien no se reconoce en la sombra que proyecta. Y entre las causas de nuestra desdicha futbolera, que es la gran desdicha nacional, hay que mencionar también la venta de gente.
Exportamos mano de obra y también pie de obra. Los uruguayos, habitantes de un país deshabitado, estamos desparramados por el mundo. Nuestros jugadores también. Tenemos 248 futbolistas profesionales en 39 países. El fútbol es un deporte asociado, una creación colectiva, y no resulta nada fácil armar una selección nacional con jugadores que se conocen en el avión.
- - -
De fútbol somos. El lenguaje cotidiano lo revela:
quien no hace caso, no da pelota;
quien elude su responsabilidad o desvía la atención, tira la pelota afuera;
para enfrentar una crisis, hay que parar la pelota o ponerse la pelota bajo el brazo;
quien hace algo bien, mete un gol, y si lo hace muy bien, un golazo;
quien da una respuesta justa, pone la pelota cortita y al pie;
quien comete deslealtades, ensucia el partido, embarra la cancha, pega de atrás;
quien se equivoca por poquito, pega en el palo;
una buena respuesta es una buena atajada;
quien se descoloca en cualquier situación queda fuera de juego;
quien se equivoca feo se hace un gol en contra;
los niños muy niños están empezando el partido;
los viejos muy viejos están jugando los descuentos;
cuando la mujer echa de casa al marido infiel, le saca tarjeta roja.
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Los uruguayos, pueblo futbolizado, creemos que la patria se acabó en Maracaná.
En el fondo, sospecho, el problema está en que todavía creemos en esta gran mentira impuesta como verdad universal, esta infame ley de nuestro tiempo que nos obliga a ganar para demostrar que tenemos el derecho de existir.
Pero nuestra mayor victoria en el Mundial de 1950 ocurrió después del partido que nos coronó en Maracaná. Nuestro triunfo más alto encarnó en el gesto de Obdulio Varela, el capitán celeste, el caudillo del equipo. Al fin del partido, él huyó del hotel y del festejo. Y se fue a caminar y pasó la noche bebiendo en los bares de Río, callado la boca, de bar en bar, abrazado a los vencidos.

domingo, julio 15, 2007

La historia oficial


Por Osvaldo Bayer

Es imperdible seguir de cerca la argumentación de los que perdieron pero siguen teniendo el poder. Se enojan y arrojan rayos y centellas a los que se atreven a discutir la historia. Nos llaman “historiadores improvisados” y en cambio ellos son los historiadores consagrados, los que dicen la verdad. Mariano Grondona desde La Nación y desde sus audiciones radiales y televisivas advierte severamente sobre el peligro que significa discutir la historia consagrada. Peligro, que él remarca, recaería sobre los jóvenes. Desde La Nación nos ha sacudido con un artículo titulado “Falsificación de la memoria colectiva”. Nada menos. El, que no es historiador, sino abogado y periodista, nos da lineamientos de una moralidad discutible de cuál es la verdadera historia argentina. El representa a los roquistas, los que construyeron la historia oficial.Claro, cuando uno tiene en cuenta la biografía del indignado “historiador” Grondona se da cuenta por qué. Apoyó a todos los golpes militares desde 1962. Ocupó altos cargos, entre ellos embajador del triste dictador Onganía, conspiró y finalmente fue asesor de la Fuerza Aérea en la dictadura de la desaparición de personas, amén de haber sido director de Visión, la revista de los dictadores más sucios de la historia americana: los Somoza. Además fue banquero en 1980 con un altísimo sueldo.Y es estanciero, de campos por Pehuajó, allí, cercanos de las tierras que recibió Roca después de su campaña “civilizadora”. Toda una biografía para guardar silencio y retirarse. Gozar de lo ganado y tratar de pasar inadvertido. Pero no, además quiere hacer triunfar su interpretación de la historia.Respecto de su ética política, Grondona ya perdió para siempre. Nunca fue preso por defender a la democracia, sino que fue premiado por bestiales dictaduras militares. Y él las sirvió. Un pasado que jamás podrá negarse. Nadie que fue hombre de la dictadura militar de la desaparición de personas, robos de bebés, arrojo de vidas desde aviones, torturas, robo de propiedades de las víctimas, podrá ya postularse como señalador arquetípico de la moral en la Historia. Los historiadores alemanes que “comprendieron” a Hitler callaron para siempre. Grondona, después de Videla, no. Y sigue con sus tesis y defiende ex cátedra con ardor la campaña de Roca contra los pueblos originarios. Que puede traducirse en la fórmula: civilización significó en suma quedarse con la propiedad de la tierra.A quienes hemos iniciado la discusión sobre lo que significó la mal llamada “Campaña del Desierto” nos llama “falsificadores”. Y en esto cabe la pregunta: ¿es falsificar la historia traer los nombres y las extensiones de tierra –de las mejores tierras– con las que se quedaron conocidos propietarios como Martínez de Hoz, que recibió nada menos que 2.500.000 hectáreas después de la campaña roquista? ¿Es falsificar la historia reproducir documentación científicamente histórica como esta crónica de 1879 de diarios de época como la de El Nacional al terminar la matanza de Roca?: “Llegan los indios prisioneros con sus familias. La desesperación, el llanto no cesa. Se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos, a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano, unos se tapan la cara, otros miran resignadamente el suelo, la madre aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización”. Textual.¿Es “falsificación” traer a la memoria el inmoral decreto por el cual se premia a Roca con 50.000 hectáreas de las mejores tierras como premio a su “hazaña”, a pesar de que cobraba sueldo de general? ¿Es falsificar reproducir los discursos de Roca donde invariablemente califica de “los salvajes, los bárbaros” a los pueblos originarios mientras San Martín, medio siglo antes los llamaba con respeto “nuestros paisanos los indios”? ¿Es falsificar la historia traer los avisos de los diarios de Buenos Aires, después de la campaña de Roca, que con el título “Entrega de indios” señalaban: “Los miércoles y los viernes se efectuará la entrega de indios y chinas a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de Beneficencia”? ¿Es falsificar la historia citar al comandante Alvaro Barros cuando denuncia ante el Parlamento nacional: “El Ejército Argentino, siendo uno de los más deficientes y atrasados, es el más caro del mundo. El resultado económico de este desorden es notable. Mientras que el soldado alemán cuesta 199 pesos fuertes por año y el francés 189, el argentino cuesta 521 y mucho más en tiempo de guerra, y sufre como ninguno y en todo tiempo, todo género de necesidades y miserias”? La pregunta es, ¿quién se quedaba con el vuelto?Sarmiento lo dirá claramente cuando conjuga un nuevo verbo, el verbo “atalivar”. Ataliva se llamó el hermano de Julio Argentino Roca. Y Sarmiento sostenía que Roca hacía los negocios y Ataliva “atalivaba”, es decir se quedaba con el vuelto, o para hablar claro, con la coima. Estudiosos pampeanos han investigado la enorme fortuna a la que llegó Ataliva. Tan grande como la de su hermano, el presidente Roca, quien al iniciar su primer período declara no tener bienes. Pero al morir dejará una herencia impresionante. La pregunta es: ¿llegó a ella ahorrando su sueldo? Todo se puede ver en la documentación científicamente histórica que se encuentra en Tribunales.El mismo comandante denuncia cómo el ejército de Roca tortura a los indios prisioneros. Poniéndolos en el cepo y descoyuntándolos. ¿Atentamos contra la verdad histórica cuando citamos a José Hernández, el autor de Martín Fierro, quien dirá textualmente: “Nosotros no tenemos el derecho de expulsar a los indios del territorio y menos de exterminarlos. La civilización sólo puede dar los derechos que se deriven de ella misma. La sociedad no hace de los gobiernos agentes de comercio, ni los faculta para labrar colosales riquezas lanzándolos en las especulaciones atrevidas del crédito. La sociedad no podría delegar, sin suicidarse, semejantes funciones, que son el resorte de su actividad y su iniciativa”? Los que hemos solicitado que se retire el monumento a Roca del centro de la ciudad –es el más grande de todos los monumentos argentinos– lo hacemos por respeto a la mayoría de la población argentina. Después del estudio del Servicio de Huellas Digitales Genéricas de la Universidad de Buenos Aires, que comprobó que el 56 por ciento de los argentinos tiene antepasados indígenas, no se puede seguir faltándole el respeto a la mayoría de nuestra población plantándoles ese monumento en el centro de la ciudad –que además lo puso un gobierno no democrático–. He propuesto que el monumento no se destruya pero que se lo lleve a la estancia La Larga, que recibió como pago a su matanza y esclavitud de los pueblos nativos. Allí, en esa estancia, sus bisnietos podrán agradecerle ante su estatua los beneficios que les dejó el señor general.Señor Mariano Grondona: usted firmó debajo del retrato de Ronald Reagan, en la tapa de A Fondo su frase: “Compartimos con él lo más importante, el enemigo”. Está todo dicho. Reagan, y ahora y siempre Roca. Pero la historia pertenece no sólo a los dueños de la tierra, sino también a los humildes y a sus sufrimientos. Es hora ya que con documentación científicamente histórica demostremos quién se quedó con todo, cómo se repartió la tierra conquistada, cómo fueron tratados los pueblos que la habitaban. Usted, que defendió siempre todos los golpes militares y su violencia, es coherente que luche por mantener ese poder. Pero nosotros seguiremos limpiando nuestro pasado histórico, sin necesidad alguna de falsear los hechos. Pero de cualquier manera, si usted tiene sus dudas, lo esperamos ante el monumento a Roca en las reuniones que convocamos para debatir en público cada uno de nuestros argumentos. Es usar la democracia y practicarla, y no hablar ex cátedra desde los medios de comunicación más poderosos, cosa que usted siempre ha practicado, en dictaduras feroces y en gobiernos democráticos.Además de la historia de la represión de los pueblos originarios durante Roca, habría que hablar sobre la represión obrera que efectuó durante sus mandatos. La ley 4144, de Residencia, le pertenece a él, escrita por Miguel Cané. Es una de las leyes más crueles contra la lucha indiscutible de los obreros por las ocho horas de trabajo. Además de las brutales represiones contra sus manifestaciones. Pero, de eso no se habla, esos hechos recién ahora están saliendo más allá de las luces de los libros. Ya es tema docente.A la historia no la deben hacer solamente los que tienen el poder. Porque claro, si no en el futuro tendríamos que tomar como ciertas las palabras de Grondona sobre el dictador Videla, a quien definió en forma un tanto angelical: “Un poder suave, discreto... ante un país que viene de largos desencuentros, el agua fresca de una esencial innovación”. Videla.Quien lea esta última frase ya no podrá creer su acérrima defensa de Julio Argentino Roca. Aplica las mismas medidas, alguien que se autotitula historiador, o por lo menos que quiere dar normas de historia. No, la historia no puede ser escrita sólo por Grondona y los historiadores que él alaba. Por lo menos, la democracia tiene que tener, como norma, el debate.
Para Página 12, en la foto Mariano Grondona

miércoles, julio 11, 2007

El Mago de Babilonia



El hombre es un animal deforme. El enemigo de todos los enemigos. La criatura más baja que existe sobre la faz de la Tierra. No es bueno vivir en un cuerpo humano. Prefiero acurrucarme bajo la tierra, correr campo a través y tomar lo que me encuentre. Y el viento sopla. Y la lluvia cae. Y viene el frío y se va. Eso es mejor que vivir en un cuerpo humano.”

Franz Biberkopf en el epílogo de Berlín Alexanderplatz


“Esta noche ha muerto Franz Biberkopf, el que una vez fue transportista, ladrón, vagabundo y homicida. En el lecho donde yació, moría hoy otro hombre y este otro hombre tenía los mismos papeles que Franz, se parecía también a Franz, pero en otro mundo lleva otro nombre.”
Del epílogo de Berlín Alexanderplatz

SCHIDOR: Prohibieron la novela Querelle porque dijeron que era pornografía. ¿Qué opinas de eso?
FASSBINDER: Todo lo que llega a los límites sociales o los cruza es considerado pornográfico en esta sociedad.
SCHIDOR: ¿Dirías que el cine ha sabido retratar bien la homosexualidad?
FASSBINDER: Lo ha hecho siempre mal. Es imposible ser justo con nadie. No se puede retratar bien a los homosexuales ni tampoco a los heterosexuales. Sólo se puede hacer las cosas mal. Además, no se trata de retratar el homosexualismo sino al individuo y cómo forja su identidad.
(de su última entrevista en la pelicula El mago de Babilonia)

Si un hombre llamado Rainer Werner Fassbinder quería definir su personalidad y su posición frente al mundo y a la realidad que le había tocado vivir adoptando una actitud extremadamente trasgresora y vistiendo chaqueta y botas de cuero, un sombrero de fieltro deforme, unas gafas de sol oscuras, una bufanda, un llavero que siempre colgaba de sus vaqueros y un cigarrillo eternamente encendido entre sus dedos, sus obras desprendían ese aire inconformista y provocador, profundamente pesimista y desesperado, que incitaba al público que las veía no a escandalizarse, sino a tomar partido, a rebelarse contra esa sociedad injusta e indolente que él denunciaba

martes, julio 10, 2007

El eternauta


Cuando este año se cumplieron 50 años de la publicacion de su obra maestra "El eternauta" cae una nevada en Buenos Aires y como si fuera poco el pasado 27 de abril se cumplieron 30 años del secuestro y desaparición de su autor y guionista a manos de la dictadura militar.

Héctor Oesterheld imaginó a Juan Salvo encerrado con su familia en un chalecito en Vicente López resguardado de una amenazante nevada.

El autor del eternauta fue secuestrado junto a sus cuatro hijas y dos de sus yernos, por un grupo de tareas de las Fuerzas Armadas

En estos dias su obra puede verse integra en los homenajes que se le brindan en la "Biblioteca Nacional" y en "Archivo y Museos históricos del Banco de la Provincia de Buenos Aires Dr Arturo Jauretche".

domingo, julio 08, 2007

Fito Páez


texto Marina Artusa (martusa@clarin.com)
fotos Ariel Grinberg para Clarin

Después de una hora y cuarto sobre la ruta 205, a la altura del kilómetro 87, la FM que el remisero amordazó en cuanto Fito se abrochó el cinturón de seguridad balbucea un Personas que me quiero llevar/Aromas que no voy a olvidar... Páez no registra que es su voz con certero gesto espástico entonando Brillante sobre el mic (del disco El amor después del amor , de 1992) a pedido de una oyente de Villa Ballester. Habrá que hacérselo notar y sugerirle al tímido remisero que suba el volumen. "Uh, tenía la música y no me salía la letra –se superpone a sí mismo mientras mira por la ventanilla la monotonía que va enhebrando los postes de luz–. Hasta que una noche seguí de largo, me fui a lo de mi tía Charito, en Rosario, y la escribí de un tirón."
¿Te preocupa que un tema tuyo suene como música de fondo y que nadie le preste atención?
Me preocupa más que al camión que va acá adelante nuestro no se le suelte lo que lleva atado en el techo.
No me digas que no duele un poquito.
Eso no se puede evitar. El tema es que vos estés disfrutando de eso. El mundo no tiene por qué devolverte nada porque nadie te prometió nada. Sería pedir. Lo importante es lo que te pasa a vos en el momento en el que estás haciendo música. Si ahí sucede algo emocional, algo espirituoso, algo real, hay una alegría. Pero cuando uno graba discos es porque quiere ser escuchado, ¿no? Cuando estás haciendo música, no pensás en un disco ni en si lo vas a grabar o no. Si lo grabás es para que te oigan. Yo me completo con el oído del otro pero no necesito del disco. Cuando termino una canción, tengo siempre a alguien al lado que opina. En unos casos es una devolución crítica y en otros, se disfruta y nada más.
¿Quién es tu público hoy?
No tengo la más remota idea porque hace mucho que no toco. Voy a tocar en septiembre y ahí veré. A pesar de que se acostó a las cinco de la madrugada –"estaba listo para irme a la cama a la una pero me quedé componiendo un tema para Margarita" (la niña de tres añitos que tuvo con la actriz Romina Ricci y que lleva el nombre de la mamá de Fito, una concertista de piano que lo dejó huérfano con apenas ocho meses)–, el mediodía que se filtra en su piso de soltero le cae bien.
Tiene una compu sobre el piano del living y lo que toca –el tema de Magui – se escucha desde el ascensor. El orden sobre la mesa ratona diseñada con una puerta de madera añeja y los floreros de vidrio sobre el piso revelan que los chicos – Magui y Martín, el niño que adoptó con Cecilia Roth y que ya cumplió ocho años– no han venido. Lo que ahora se hace parte del aire estará en el nuevo disco, al que le está dando las últimas puntadas y que aún no bautizó. "Es piano y voz. No sé qué decirte del álbum. Cada vez me cuesta más hablar de las cosas que hago, ¿sabés? -dice de su disco número veintipico-. Me estoy dando cuenta de que todo lo que sé de la música está puesto ahí. Y por momentos tengo la sensación de que todo lo que quería decir ya lo dije." Lo autobiográfico siempre está.
El yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos son escuetos a la hora de una canción. A mí no me resuelven nada. Tampoco una canción tiene que resolver cosas. Estás ahí, estás jugando. Vive mucha gente adentro de uno. Otra de las cosas maravillosas que tiene la expresión es que podés escribir o actuar o hacer cosas que no harías pero que en la canción sí podés o te animás o te surge.
¿Por qué en tus pelis ('Vidas privadas' y '¿De quién es el portaligas?'), las protagonistas son las que en ese momento eran tus mujeres (Cecilia Roth y Romina Ricci)?
Me expreso con lo que tengo a mano. Creo que he tenido suerte en ese aspecto. Fabi (Cantilo, fue su novia durante seis años) canta en mis discos, Cecilia (Roth) actúa en Vidas privadas y Romina (su última ex) en el portaligas. Como también lo he hecho con amigos. Pero como yo no soy un profesional de esto...
¿Del cine?
No, esto significa que no soy un artista que hace cosas para . Vivo y trato de contarlo. Así como alguien se dedica a hacer el pan, uno se dedica a hacer las canciones del barrio o a hacer películas. Yo lo hago con las cosas que tengo a mano. Creo que la vida es un laboratorio. Estamos de acuerdo en algunas cosas y en otras no y a lo mejor no lo dejamos en claro aquí sino en una escena que nos sirvió para poder resolver ese conflicto.
Te llevás tan bien con las palabras que cuesta creer que no puedas resolver algo de tu vida de un modo tan llano como es el discurso.
¿Qué es lo que no resolví de mi vida? Estoy fantástico. Estoy en un momento de gran plenitud. Estoy criando dos hijos, terminé una película, estoy haciendo un disco, salgo a tocar otra vez. No creo que para estar bien con el mundo tengas que vivir en pareja. Me parece que uno tiene que ser tan creativo en lo que hace como en los vínculos que establece. Y el amor no significa estar viviendo bajo el mismo techo.
¿Estás enamorado? No. Lo estoy de otras cosas.
No tenés una novia.
No. Estoy apasionado con mis hijos. Tengo mucho más tiempo libre ahora y puedo escribir, puedo tocar a cualquier hora. Volví a hacer cosas que durante un tiempo las tuve que acomodar. No me arrepiento del tiempo que viví en pareja. Pero ahora estoy en un momento de gran libertad. Y descubrí que el amor tiene infinitas lecturas. A los 44. A los 20 no te hubiera dicho esto. Hablemos de las lecturas del amor. El amor a las palabras, el amor a la música...
¿No existían si amabas a alguien?
Sí, por supuesto. Pero no sabía que era tan grande.
¿Cuando uno se enamora se anula?
No quisiera quedar como un asesor sentimental de baja estofa. El amor se entrega. No hace falta recibirlo. Estoy más cerca de San Agustín que de los asesores sentimentales. Encuentro que en los reclamos, el amor desaparece.
¿Quién te enseñó el amor?
Solo aprendí a amar sin pedir.
Pero está bueno poder decir lo que uno necesita.
Gánese la vida. La verdad es que no le quiero romper las bolas a nadie.
En algún momento debiste haber pedido ayuda.
Seguro. Si no, no aprendés nada. No me gusta pedir. Es mi naturaleza. Ser proveedor te da más seguridad. No lo pienso en esos términos. No siento que soy proveedor de nada. Yo estoy en todo lo que puedo para lo que me necesiten. La peli ( ¿De quién es el portaligas? ) va de eso. Lo que hace el tiempo y el amor con la gente que realmente se ama.
¿Filmar se te hace cuesta arriba?
Es muy difícil hacer cine acá. Se me hace como a todo el mundo. Después, las expectativas se te escapan de las manos. A mí me tocó ser quien soy y me la tengo que bancar, con los pro y los contra. Vidas privadas , una historia oscura y dramática que sangra la dictadura y el incesto, fue apaleada por la crítica en 2002. Llevó ocho años filmarla y lo asomó al abismo de la bancarrota. Costó un millón doscientos mil dólares y él,que no tenía cuenta bancaria ni tarjeta de crédito, llegó a ver a su productora Circo Beat hipotecada. Fue un descalabro", dice hoy.
¿Te facturan que te corras del lugar en el que te pusieron?
Si yo hubiera hecho el mundo, a lo mejor lo hubiera hecho diferente. Pero el mundo es así. Te factura. En general al mundo no le gusta mucho que las cosas se corran de lugar. Pero son las reglas de juego. Siempre cuando entro a un barrio nuevo, entro con sigilo, ¿sabés?
Y en la última peli, ¿cómo fue?
Incómodo, aunque menos que en la anterior porque para la comedia el dinero es más sencillo de conseguir. No era tan costosa. Habrá llegado al medio millón de dólares.
NACIONAL Y POPULAR
¿Por qué Filmus usó 'El diablo de tu corazón' para la campaña?
No podés impedirlo. Macri puso Mariposa Tecknicolor cuando ganó. Se hicieron doscientos millones de cosas con mis temas.
¿Y por qué tocaste en la Rosada?
Porque es mi casa. Es la casa de todos. Que te inviten a tocar ahí es extraordinario. Podés tocar para todo el país, además.
¿Quién va a esos conciertos?
Había de todo. En general van trabajadores de la casa. Del Gobierno estaban Filmus y el vocero presidencial. Pero no me molesta eso.
¿Ni cómo se lee tu presencia ahí?
Debería ser normal. Son gestos republicanos. Vas a tocar en la casa del presidente porque es un presidente electo. Sería muy necio no ir. Es la casa de la Nación.
Tocaste también en la Plaza de la Revolución de La Habana (fue el primer músico extranjero en hacerlo).
En el '92, '93. En la medida en que hagas tu música, podés tocar en cualquier lado.
El tema es cuando vas a esa casa y cambiás lo que hacés.
En el caso de (Fidel) Castro, en esa época yo era mucho más niño, más ingenuo, y estaba empezando a conocer la interna de la isla.
¿Volverías a tocar ahí?
No. Hace tiempo que no vuelvo por motivos humanitarios. A mí no me gusta cuando vienen de afuera a opinar sobre el barrio pero el régimen de Castro me parece monstruoso.
VAMOS LAS BANDAS
¿Dónde reconocés tu influencia en las bandas de hoy?
No me he dedicado a ver eso. Lo que siento, y lo digo sin falsa humildad, es que soy un acompañante de la obra de Nebbia, Charly, Spinetta. No te creo que no te sientas protagonista del rock nacional. En serio. Lo que veo es que ahí hay una piedra fundamental. Estos tres monumentos que son las obras de Nebbia, Spinetta y García a mí me dispararon sensiblemente. Yo no puedo pensar cuál es mi lugar. Sí me puedo referenciar. Dónde después me ubica el mundo, es ya un problema del mundo.
Ninguno vendió 700 mil discos como vos (con 'El amor después del amor', el más vendido del rock criollo).
No importa. Pero yo no podría haber compuesto esas músicas que vendieron esa cantidad de discos si no hubieran estado las obras de esos tres tipos cuyas influencias están adentro de ese álbum.
Pero es falsa modestia decir que sólo acompañás a la historia del rock.
No es falsa modestia. Quiero mucho lo que hago. Está hecho con garra. El viaje se me hizo muy hermoso con esos tres autores que me revelaron que podía haber un músico en mí. Tenía 14 años el tipo que nació en el '63 mientras el aire estaba raro y Jobim lo dormía en la noche cuando Charly tocó en Rosario. Fue. "Al mes tocaba Spinetta y después de verlos me dije: 'Yo quiero hacer esto y no se discute más'", cuenta. Habría que esperar a los '80 para que Baglietto lo hiciera porteño como tecladista de su banda y que Charly lo convocara en el '84 ante su llanto incrédulo.
Las bandas jóvenes, ¿no te llaman para tocar o les decís que no?
Esas cosas surgen o no. He tenido invitaciones de Los Tipitos para ir al Luna Park y no he podido ir. He ido a tocar con los Catupecu, me he enrollado con los Babasónicos en un concierto en Miami. Tengo, en general, un buen vínculo con los colegas más jóvenes.
¿Se te pasó el cuarto de hora?
Por supuesto. Después de los 30, se te pasó. Luego, los que vienen son otros cuartos de hora. No estás en el cuarto de hora de la juventud y el éxito. Estás en otra vida.
¿Tenés miedo de volverte anticuado?
Yo soy un artista de varieté. Voy a una fiesta y te animo la fiesta. Te ganás el pan y divertís a la gente.
¿No te pegan las críticas?
Sí, por supuesto que te pegan. No pensaba así cuando tenía 20 años, tampoco cuando tenía 30. Pero parecen los hijos y te cambian el foco de los intereses. Hay cosas a las cuales ya no les das tanta importancia.
Se dijo que te habías aburguesado.
Pero fijate que nadie sabe qué pasó en mi vida verdaderamente. Nadie sabe lo que hay en mi corazón.
¿Y qué hay?
Un poco de caos.
¿Dónde está el caos ahora?
Adentro. Y no hace falta que lo veas. Todo lo importante no se ve. El tipo que expresa algo vive en un torbellino. No entiendo la gente que dice que con los años se pone más tranquila. Para mí cada vez es todo más delirante.
¿Compusiste ebrio o bajo efectos de sustancias 'non sanctas'?
Sí.
¿Y cuál te dio mejor resultado?
En mi caso, la sobriedad. En general, todo lo que escribí muy pasado no me interesa. De ahí salen ideas que tal vez después las tomás pero en general me conecto mejor con las cosas que siento sobrio. En lo otro veo que me confundo mucho, me boleo mucho. O me boleaba.
¿Qué abandonaste?
En general trato no de abandonar las cosas. De última, que me abandonen a mí. Pero la sobriedad es lo que mejor me sienta. Y la resaca. Ah, es extraordinaria. Hay ahí algo inagotable. Yo creo que me emborracho para que venga la resaca. Somos dueños de nuestro propio cuerpo y de nuestra psiquis y lo quisiera bajar línea para ningún lado. Ningún estimulante te hace mejor artista de lo que sos. He perdido algún tiempo intentando otras cosas pero rápidamente pude saber dónde estaba lo que me hacía feliz.
Listos para desandar el camino, Fito vuelve a su puesto de copiloto. Ya es de noche y la luz azul del celular se le refleja en las gafas que mitigan su cóctel de miopía y astigmatismo. La ronda de llamados arranca por la Roth y sigue con Ricci para saber cómo están los chicos. Luego cita a un músico amigo a que esta noche vaya a su casa a escuchar cómo está quedando el disco nuevo. Y del bolso negro del que salieron los Marlboro light saca un compact blanco, de esos que parecen vírgenes. "
¿Quieren escuchar algo?" El remisero amaga con mostrarle cómo funciona el estéreo del auto. Fito esliza el disco y una pieza instrumental, melancólica y sutil, nos dejará en silencio para el resto del viaje. En la oscuridad de la ruta 205, los dedos de Fito Páez aletean en el aire