miércoles, marzo 26, 2008

Miguel Abuelo


No es la matemática la que determina cuándo finaliza una década, sino los hechos y para el rock vernáculo los 80 terminaron el 26 de marzo de 1988, día en que murió Miguel Abuelo.
Calamaro dice:
"Miguel fue [es] el poeta, con mayúsculas: popular, sofisticado, callejero, irreverente, cercano y bailarín -lo recuerda Andrés Calamaro-. Sus versos de esperanza, de claridad, de ilusión; pícaros, eróticos, sociales. Cuando la Presidenta se estrenó en la investidura, Mercedes [Sosa] cantó el "Himno de mi corazón: «Tengo confianza en la balanza que inclina mi parecer». Hay que volver sobre las cosas que escribió Miguel, superan la nostalgia... Es mucho más importante de lo que creemos recordar. Habría que recitar unos versos de Miguel todos los días al despertar y viviríamos una vida mejor en un mundo mejor".

martes, marzo 25, 2008

universitat

Bombas
ARTURO San Agustín
Hay que ir a ver la exposición Cuando el refugio era el subsuelo, que puede visitarse en el vestíbulo de la estación de metro de Universitat. Aunque solo sea para enterarnos de que también Barcelona fue una ciudad bombardeada. Cada tres horas, una nueva ración de bombas.Bombardeada por los aviones de Mussolini, que, en los noticiarios italianos, eran descritos como águilas de acero. Y, ya puestos, quizá convendría recuperar un reportaje de la BBC donde se demuestra que Fidel Castro aprendió, copió sus poses discurseras o mitineras del dictador italiano. Nada es casual.Hasta hace poco, de la Barcelona bombardeada apenas se hablaba. Todos sabíamos que Gernika fue bombardeada y por eso, en su día, las novias del comunismo tenían en una de las paredes de sus pisos una reproducción de ese cuadro de Picasso. El Guernica o sus infinitas reproducciones es el cuadro que ha visto más orgasmos marxistas fingidos. Pero de los bombardeos sobre Barcelona solo hablaban algunos historiadores. Y mi querido José Agustín Goytisolo, a quien le mataron la madre, Julia, cerca del cine Coliseum, y, desde aquel día, ya nada fue lo mismo para el poeta.También se hablaba mucho de los bombardeos sobre Barcelona en la Barceloneta. En la Barceloneta nunca han olvidado ni los bombardeos, ni los refugios subterráneos ni aquellos mensajes propagandísticos que siempre acababan así: "La Generalitat vetlla per vosaltres". Y se ve que aquello les servía. Me refiero a los mensajes propagandísticos, claro, porque nadie pone en duda las vidas que salvaron los refugios subterráneos y las estaciones de metro. "La Generalitat vetlla per vosaltres". Entonces los catalanes aún creían en la Generalitat.De todas aquellas bombas sobre Barcelona, de todos aquellos muertos barceloneses se ha hablado poco hasta ahora. Y del ingeniero Ramon Parera aún se ha hablado menos. Y, sin embargo, fue él quien hizo posibles algunos de los refugios subterráneos. Algunos, porque la mayoría se realizaron gracias al empuje ciudadano, eso que ahora llaman el tejido asociativo
para El periódico de Catalunya.

martes, marzo 18, 2008

Ictus

El cerebro puede autorrepararse
Un entrenamiento adecuado permite recuperar funciones años después de un ictus
JÖRG BLECH 18/03/2008
El cerebro es más maleable de lo que se pensaba. Incluso décadas después de un ictus, las células nerviosas son capaces de readaptarse y crear nuevas estructuras: las parálisis desaparecen y se recupera el habla.
Maleable como la plastilina
El cerebro adulto se puede modelar más de lo que se creía posible hasta ahora
Los pacientes logran hacer con la mano afectada muchas cosas que no podían
Lani Bernier estaba bajo la ducha cuando todo su lado izquierdo se tornó extrañamente lánguido. La mujer, que estaba embarazada, perdió el equilibrio. El diagnóstico fue inequívoco: ictus. A causa de una inflamación cardiaca, en el cuerpo de esta mujer de 33 años se había formado un coágulo que se alojó en el cerebro.
Miles de millones de células nerviosas responsables del movimiento del lado izquierdo del cuerpo dejaron de recibir oxígeno: la pierna respectiva ya no respondía, el brazo izquierdo sólo se balanceaba. Lani Bernier dio a luz a un niño sano, pero siguió imposibilitada por las consecuencias de este ataque. Tras cuatro meses de fisioterapia, en 1987 se dio por terminado su tratamiento porque "se habían agotado todas las posibilidades terapéuticas".
A partir de ese momento esta química de profesión y madre de tres niños, se acostumbró a realizar todas las tareas domésticas y del laboratorio con la mano derecha; en la izquierda tenía siempre el puño cerrado.
Pero ahora, 20 años después, todo ha cambiado: Bernier ha enfundado la mano derecha sana en una manopla, y la mano izquierda afectada tiene que asumir todo el trabajo. Con dedos rígidos coge bolas de plástico de colores. En 45 segundos ha apilado 18. "Fantástico, nunca has estado tan rápida", la felicita una terapeuta.
Estos ejercicios se prolongan durante tres horas en la sección de Neurorrehabilitación de la Universidad de Alabama de Birmingham (EE UU). Primero Bernier coloca pelotas de golf en una caja, luego coge barajas. Por la noche está exhausta. Pero la incómoda manopla se queda en la mano buena hasta la hora de dormir, de modo que la mano mala siga obligada a moverse.
Esta suave tortura muestra su eficacia al cabo de pocos días. "Ahora puedo hacer con la mano enferma muchas cosas que antes no podía", asegura Bernier, que informa sobre sus triunfos: coger prendas de los cajones, contestar el teléfono o accionar el interruptor de la luz, todo con la izquierda.
El éxito reside en una terapia hasta ahora poco conocida, desarrollada por el psicólogo Edward Taub, de la Universidad de Alabama: "Mi objetivo es modificar el cerebro de los pacientes".
El forzarse a utilizar la mano paralizada surte efecto en pocos días en el cerebro. Allí donde un ictus ha atrofiado un área cerebral, las regiones adyacentes se entrenan para asumir la función motora. El cerebro se cura a sí mismo, la parálisis retrocede o incluso desaparece.
El entrenamiento de Taub ha demostrado su eficacia en dos estudios con más de 300 pacientes. Un año después de la terapia, casi todos los participantes en el estudio presentaban "mejoras clínicamente relevantes".
Es especialmente esperanzador que para el éxito del tratamiento no importen la edad de los pacientes ni el tiempo transcurrido desde la pérdida de la motricidad. El hecho de que Bernier progrese tan bien después de 20 años de su ataque no sorprende a sus terapeutas. Han podido incluso ayudar a un paciente que había sufrido de niño un infarto cerebral y había vivido durante más de 50 años con una parte del cuerpo paralizada.
Las mejorías llevan emparejados grandes cambios en el cerebro, como demuestran las investigaciones. La actividad eléctrica se duplica en las áreas respectivas, y además se irrigan con más intensidad, consumen más oxígeno y se expanden.
Los investigadores han descubierto recientemente un efecto adicional: el entrenamiento de Taub modifica también la estructura del tejido en las regiones de la corteza cerebral responsables del movimiento. Ésta es la primera prueba de que una terapia hace surgir estructuras nuevas en el cerebro.
El psicólogo Wolfgang Miltner, de la Universidad de Jena, descubrió este fenómeno examinando con resonancia magnética los cerebros de 13 pacientes (hombres y mujeres) que habían sufrido un ictus. Entonces advirtieron "una condensación del tejido nervioso".
El propio Taub llega al mismo resultado en exploraciones con resonancia magnética. "El entrenamiento produce un aumento considerable de sustancia gris", explica. "Y tenemos indicios que apuntan a que ese aumento se debe al nacimiento de nuevas células nerviosas".
Estos resultados, que próximamente se publicarán en revistas especializadas, son prueba de la asombrosa versatilidad del cerebro hasta una edad madura. Los cerebros de personas adultas se pueden moldear mucho más de lo que se creía posible hasta ahora. El neurólogo canadiense Norman Doidge escribe sobre este tema en un libro publicado recientemente: "La naturaleza nos ha dotado de una estructura cerebral que sobrevive en un entorno cambiante porque ella misma se modifica".
Cuanto más saben los investigadores sobre esta plasticidad neuronal, mayor es la confianza en poder curar cerebros enfermos con nuevos métodos. La capacidad curativa latente en la materia gris debe despertarse para actuar contra una gran variedad de afecciones. Entretanto, Edward Taub también está tratando en Birmingham a personas que padecen parálisis en las manos a causa de la esclerosis múltiple, así como a ex combatientes de guerra que han vuelto de Irak con graves traumatismos cerebrales.
Lo más importante en cualquier terapia es practicar, practicar y practicar. Ésta es también la experiencia de Edward Taub. Desde que hizo firmar a sus pacientes un "contrato de comportamiento" por el cual prometen llevar la molesta manopla en la mano sana, ha comprobado todavía más éxitos.

Maleable como la plastilina
La nueva idea de que el cerebro es tan maleable como la plastilina se diferencia radicalmente de la visión que siguen defendiendo muchos terapeutas. Según ellos, se trata de una estructura rígida sobre la que se puede influir principalmente con medicamentos, pero muy poco con entrenamiento. Este neurodeterminismo anticuado ocasiona, por ejemplo, que personas que han sufrido un ictus no agoten el potencial de autocuración del cerebro. De este modo, como critica el psicólogo Wolfgang Miltner, muchos terapeutas comunican a sus pacientes que hay un "techo" que se alcanza algunos meses después del ictus y más allá del cual es imposible lograr una mejoría desde el punto de vista biológico.
Como consecuencia de ello, médicos y fisioterapeutas dan por finalizados los tratamientos demasiado pronto y consideran inútil buscar tentativas de curación alternativas. "No se trata a los pacientes con la intensidad y el tiempo suficientes", sostiene Miltner. Además, según los escépticos, muchos métodos persiguen un objetivo equivocado, como sucede, por ejemplo, con los tratamientos a personas con traumatismos cerebrales graves. Por tradición, la medicina de rehabilitación se basa en técnicas que pretenden compensar la carencia "en lugar de modificar el déficit en sí", asegura el neurólogo Michael Selzer, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pensilvania, en Filadelfia (Estados Unidos).
La plasticidad también explica por qué el cerebro aprende tan rápido a dejar de usar un brazo enfermo. Las células nerviosas en el cerebro responsables del manejo del brazo buscan enseguida otra tarea. Pero esta plasticidad hace posible que el aprendizaje pueda realizarse a la inversa

sábado, marzo 01, 2008

Messi

En el Barça o en cualquier equipo del universo, Messi no admite discusión con nadie, por mucho que su técnico y algún político de la directiva se resista a trastocar la pirámide jerárquica.

domingo, febrero 24, 2008

El Descubrimiento de Heródoto

EL DESCUBRIMIENTO DE HERODOTO
HERODOTO X RYSZARD KAPUSCINSKI
¿Pero cómo Heródoto, un griego, podía saber lo que decían gentes de países remotos, persas y fenicios, los habitantes de Egipto y de Libia? Pues viajando, preguntando, observando y sacando conclusiones de lo que le contaban y de lo que él mismo había visto; así atesoró sus conocimientos. De manera que siempre empezaba por un viaje. ¿Y no hacen lo mismo todos los reporteros? ¿Acaso ponernos en camino no es lo primero que nos viene a la mente? El camino es la fuente, el tesoro, la riqueza. Sólo estando de viaje el reportero se siente él mismo, a sus anchas, se siente en casa.
A medida que avanzaba en su lectura, encontraba en Heródoto un alma hermana. ¿Qué lo empujaba a trasladarse de un lado para otro? ¿Qué le mandaba actuar, afrontar las dificultades del viaje, emprender una tras otra sus expediciones? Creo que la curiosidad por el mundo. El deseo de estar allí, ver todo aquello a cualquier precio y vivirlo en carne propia.
Se trata en el fondo de una pasión no muy frecuente. El hombre, por naturaleza, es un ser sedentario; desde que pudo dedicarse a la agricultura después de abandonar la pobre y peligrosa existencia de recolector y cazador, se estableció, feliz, sobre su pedazo de tierra, se separó de sus vecinos con lindes o murallas, dispuesto a derramar sangre, e incluso a perder la vida, en defensa de su terruño. Si lo abandonaba tenía que ser por una fuerza mayor: expulsado por el hambre, la peste, la guerra o la necesidad de encontrar un trabajo; o bien por razones profesionales cuando se trataba de navegantes, mercaderes o guías de caravanas. pero nunca han abundado las personas que durante años se dedicasen a recorrer el mundo de punta a punta por su propia voluntad, sin imposición alguna, con el único fin de conocerlo, estudiarlo y comprenderlo, para, luego, además, describirlo todo.
¿Cómo anidó en Heródoto esta pasión? Tal vez naciera de la pregunta que habría surgido en su mente de niño: “¿De dónde vienen los barcos?” Pues los niños, mientras juegan en la playa de un golfo, ven que allá lejos, en la línea del horizonte, de pronto aparece un barco y que, a medida que se aproxima a ellos, se vuelve cada vez mayor. ¿Pero de dónde ha salido? Seguramente la mayoría de los niños no se hace preguntas como ésta. Uno de ellos, sin embargo, mientras construye su castillo de arena, en el momento menos pensado puede preguntar: ¿de dónde ha salido esta nave? Al fin y al cabo, esa línea tan lejana, rayana en lo infinito, ¡parecía marcar el fin del mundo! ¿Acaso hay otro más allá de ella? ¿Y un tercero más allá de ese otro? ¿Cómo son? Y el niño empieza a buscar una respuesta. Y luego, cuando se convierta en adulto, la buscará con más ahínco todavía, empujado por esa curiosidad que no ha logrado satisfacer.
Parte de la respuesta la proporciona el propio camino. El movimiento. El viaje. Así es: resultado de sus viajes, el libro de Heródoto es el primer gran reportaje de la literatura universal. Su autor está dotado de una intuición, una vista y un oído de reportero. También es incansable: atraviesa los mares, recorre las estepas y se interna en los desiertos, y de todo ello nos da cumplida cuenta. Nos maravilla con su resistencia, nunca se queja del cansancio, nada parece capaz de desanimarlo ni de infundirle miedo (al menos jamás menciona tal cosa).
¿Qué lo impele cuando, intrépido e incansable, se lanza a su gran aventura? Creo que una fe llena de optimismo –que nosotros hemos perdido hace ya tiempo– en que es posible describir el mundo.
Heródoto me había atrapado desde la primera página. Consultaba su obra a menudo; cuando la dejaba apartada era para volver a cogerla al cabo de poco tiempo, volver a sus descripciones de personajes y escenas, a sus decenas de relatos y a su sinfín de digresiones. A cada momento intenté penetrar en aquel mundo, orientarme en él y hacerlo un poco mío.
No me resultaba difícil. A juzgar por la manera de ver y describir la gente y el mundo, Heródoto debió de ser un hombre benévolo y comprensivo, cordial y abierto, un amigo para todo. No hay en él rabia ni odio. Intenta comprenderlo todo, averiguar por qué alguien ha actuado de ésta y no de otra manera. No culpa al ser humano, sino al sistema. Malo, depravado y abyecto por naturaleza no lo es el individuo, sino el sistema en que le ha tocado vivir. Por eso es un ardiente defensor de la libertad y la democracia, y enemigo del despotismo, la autocracia y la tiranía, pues considera que sólo en el primer caso el hombre tiene la posibilidad de comportarse dignamente, ser él mismo, ser humano. Tomad nota –parece decir Heródoto–: un insignificante grupo de pequeños estados griegos ha vencido a la gran potencia oriental sólo porque los griegos se sabían libres, y por esa libertad estaban dispuestos a darlo todo.
Al mismo tiempo, sin embargo, aun reconociendo la superioridad de sus compatriotas en este terreno, no por eso los contempla y presenta nuestro griego sin espíritu crítico. Ve cómo la libertad de expresión –en principio positiva– puede convertir una discusión en una riña estéril y destructora. Muestra que los griegos son muy capaces de pelearse entre sí incluso en el campo de batalla, aun cuando se hallen frente a las filas de un ejército enemigo en pleno ataque. Aun cuando ven aproximarse a los soldados de Jerjes que ya han disparado sus primeras flechas y blanden las espadas, los griegos se enzarzan en una disputa en torno de la prioridad en la lucha: ¿a qué persa rechazamos primero?, ¿al de la izquierda o al de la derecha? ¿No habría sido este temperamento peleón suyo una de las causas por las que los griegos nunca hubieran sido capaces de construir un Estado fuerte y unitario?
Los ejércitos de insectos que antes me habían atacado sólo a mí, ahora, cuando tienen a su disposición también a Jarda, se han dividido para formar dos grandes nubes que no paran de zumbar mientras se ensañan con nosotros. Incapaces de mantenerlos a raya y cansados de su fastidiosa insistencia, acudimos a Abdou, quien, cual un sacerdote de la Antigüedad, ahuyenta con sus aromáticos sahumerios las fuerzas del mal, que en este caso han tomado forma de agresivos mosquitos y de moscas voraces.
Dejando para más tarde la conversación en torno de la actual situación en Africa (tema del que, a fin de cuentas, debemos ocuparnos a diario), seguimos hablando de Heródoto. Jarda, quien había leído su Historia hacía mucho tiempo y dice no acordarse gran cosa de ella, me pregunta qué me ha llamado especialmente la atención en este libro.
Respondo: su sobrecogedora dimensión trágica. Heródoto es coetáneo de los más grandes autores de la tragedia griega: Esquilo, Sófocles (del cual tal vez fuese amigo) y Eurípides. Su época es el siglo de oro del teatro; las artes escénicas están impregnadas del espíritu de los misterios religiosos, los ritos y las fiestas populares, de los oficios divinos y dionisíacos. Todo esto influye sobre la manera de escribir de los griegos. También en la de Heródoto, que presenta la historia del mundo a través de los avatares de las existencias individuales; en las páginas de su libro, que pretende inmortalizar la historia de la humanidad, siempre están presentes personas de carne y hueso, individuos concretos, citados por sus nombres, con sus grandezas y sus miserias, nobles o crueles, victoriosos o desgraciados. Bajo los más diversos nombres y en contextos y situaciones diferentes, desfilan por la obra Antígonas, Medeas y Casandras; ahí están las siervas de Clitemnestra y el espíritu de Darío y los lanceros de Egisto. El mito se mezcla con la realidad, las leyendas con los hechos. Heródoto intenta separar los dos órdenes, sin menospreciar ninguno de ellos ni determinar su jerarquía. Sabe lo mucho que las decisiones y la manera de pensar del ser humano dependen del mundo de los espíritus, sueños, temores y augurios que lleva dentro. Sabe que una visión aparecida en sueños a un rey puede decidir el destino de un país y de sus millones de súbditos. Sabe lo débil e indefensa que es la persona ante el miedo producto de su propia imaginación.
Al mismo tiempo, Heródoto se fija el más ambicioso de los objetivos: inmortalizar la historia del mundo. Nadie lo ha intentado antes: él es el primero en tener semejante idea. Mientras reúne material para su obra, cuando interroga a testigos, bardos y sacerdotes, siempre se topa con que cada uno de ellos recuerda cosas diferentes y de manera diferente. Además, muchas centurias antes de nosotros, descubre un importante –al tiempo que astuto y sofisticado– rasgo de la memoria: las personas recuerdan aquello que quieren recordar y no lo que en verdad ha sucedido. Pues cada individuo la tiñe del color que más le conviene y prepara en su crisol particular su propia mezcla. De ahí que sea imposible desentrañar el pasado tal como realmente fue; sólo podemos acceder a sus muchas variantes, a versiones más o menos verosímiles o que mejor se ajusten a nuestras expectativas. El pasado no existe. Sólo existen sus infinitas interpretaciones.
Heródoto es consciente de esta complicación, pero no se rinde: sigue indagando, cita las más diversas opiniones sobre un acontecimiento o las rechaza todas por absurdas, contrarias al sentido común; no quiere ser un oyente y cronista pasivo, desea participar activamente en la creación de ese maravilloso arte que es la historia: la de hoy, la de ayer y la de tiempos más remotos todavía.
Por otra parte, en la confección de la imagen del mundo que nos ha transmitido influyeron no sólo los relatos de testigos del pasado, sino también sus contemporáneos. En aquellos tiempos, el autor vivía en estrecho contacto con los destinatarios de su obra. Al no existir libros, el escritor simplemente leía en voz alta los resultados de su trabajo ante un auditorio de personas que en el acto expresaban su parecer. Su reacción se convertía en una importante guía para el autor, que así descubría si la dirección que había tomado y su manera de escribir gozaba de la aceptación y el aplauso del público.
Los viajes de Heródoto no habrían sido posibles si hubiese sido por la figura del proxenos, es decir, del amigo del huésped, una institución al uso en aquellos tiempos. Era una especie de cónsul. Por voluntad propia o por encargo remunerado, su misión consistía en ocuparse de los viajeros llegados de aquella polis de la que él mismo era originario. Perfectamente integrado y relacionado en su nuevo lugar de residencia, se ocupaba de su conciudadano recién llegado, ayudándole a resolver un sinfín de asuntos, proporcionándole fuentes de información y facilitándole los contactos. Era muy singular el papel del proxenos en aquel extraordinario mundo en que los dioses no sólo moraban entre los mortales, sino que a menudo no se distinguían de ellos. La hospitalidad sincera era de obligado cumplimiento, pues nunca se sabía si el caminante que pedía yantar y techo era un hombre o un dios que había adoptado la apariencia humana.
También tuvo Heródoto otra fuente de información, preciosa e inagotable, encarnada en los –muy extendidos a la sazón– depositarios de la memoria: los cronistas espontáneos, los contadores ambulantes y los trovadores de la Antigüedad. En Africa occidental, hasta hoy en día puede uno encontrar y escuchar a un griot, personaje que se dedica a ir de aldea en aldea y de mercado en mercado contando historias, leyendas y mitos de su pueblo, su tribu o su clan. A cambio de unas monedas o tan sólo de un modesto tentempié y un vaso de agua fresca, un viejo griot, hombre de gran sabiduría y fecunda imaginación, os contará la historia de vuestra tierra, os dirá lo que en ella ha ocurrido y cuándo, qué casos, acontecimientos y prodigios se han producido en su suelo. Y si es verdad o no todo lo que cuenta, eso ya no lo sabe nadie; y más vale no indagar, dejar las cosas como están.
Heródoto viaja con el fin de encontrar una respuesta a su pregunta de niño: ¿cómo es que en el horizonte aparecen naves? ¿De dónde han salido? ¿De qué puerto han zarpado? O sea que lo que vemos con nuestros propios ojos, ¿no es aún el límite del mundo? ¿Hay otros mundos todavía? ¿Cómo son? Cuando crezca, querrá conocerlos. Aunque más vale que no crezca del todo, que conserve un poco de ese niño curioso que es, pues sólo los niños plantean preguntas importantes y de verdad quieren aprender.
Y Heródoto, con su entusiasmo y apasionamiento de niño, parte en busca de esos mundos. Y descubre algo fundamental: que son muchos y que cada uno es único.
E importante.
Y que hay que conocerlos porque sus respectivas culturas no son sino espejos en los que vemos reflejada la nuestra. Gracias a esos otros mundos nos comprendemos mejor a nosotros mismos, puesto que no podemos definir nuestra identidad hasta que no la confrontamos con otras.
Por eso, después de hacer este descubrimiento –otras culturas como espejo en que mirarnos para comprendernos mejor a nosotros mismos–, cada mañana a la salida del sol, incansablemente, Heródoto reanuda su viaje.
Este retrato está incluido en
Viajes con Heródotode Ryszard Kapuscinski.
(Editorial Anagrama).

Herodoto

Por Ryszard Kapuscinski
Antes de mi marcha de Gorée, una tarde me visitó un buen colega, el corresponsal checo Jarda, a quien había conocido tiempo atrás en El Cairo. También a él lo había llevado a Dakar el Festival de las Artes Negras. Pasamos horas yendo de exposición en exposición e intentando adivinar el sentido y la función de las máscaras y esculturas banbara, makonde o ife. Todas se nos antojaban amenazadoras. Contempladas en plena noche a la temblorosa luz de las hogueras y las antorchas, parecían cobrar vida, inspirando miedo, incluso terror.
En un determinado momento nos pusimos a hablar de la dificultad de escribir sobre el arte africano en las pocas palabras que permitía un artículo. Estábamos arrojados a un mundo nuevo, del todo desconocido, y no disponíamos, sin embargo, más que de nuestro léxico y nuestros conceptos, con los cuales era imposible plasmar todo lo que veíamos. Conscientes de estos problemas, nos veíamos impotentes ante ellos.
Si hubiésemos vivido en tiempos de Heródoto, Jarda y yo habríamos sido escitas, pues eran ellos los que vivían en nuestra parte de Europa. Montados en veloces corceles –que tanto maravillaban al griego–, recorreríamos bosques y campos, disparando las flechas de nuestros arcos y bebiendo kumis. Heródoto habría mostrado mucho interés por nosotros, habría preguntado por nuestras costumbres y creencias, por lo que comíamos y cómo vestíamos. Luego habría descripto minuciosamente cómo, tras haber hecho caer a los persas en la trampa del gélido frío e invierno nevado, habíamos derrotado su ejército y cómo el gran rey Darío había escapado –y salido con vida de milagro– a nuestra persecución.
Durante esta charla Jarda vio el libro de Heródoto sobre la mesa. Me preguntó cómo había dado con él. Le conté que me lo habían regalado antes de mi primera misión de corresponsal y cómo, a medida que lo iba leyendo, había empezado a hacer dos viajes al mismo tiempo: en uno cumplía con mi labor de reportero y en el otro seguía las expediciones del autor de Historia. Enseguida añadí que el título, Historia o Historias, no reflejaba, a mi entender, la esencia de la obra. Que en aquellos tiempos la palabra griega historia significaba más bien “investigaciones” o “inquisiciones” y que cualquiera de estos calificativos habría sido más adecuado para plasmar la intención y la aspiración del autor. Al fin y al cabo, no se había encerrado en archivos a fin de escribir una obra académica –como durante siglos hicieran luego los científicos–, sino que se había propuesto descubrir, conocer y describir la historia in statu nascendi, cómo los hombres la creaban día a día y a qué se debía que a menudo tomase el rumbo contrario al que ellos deseaban y ambicionaban. ¿Lo decidían los dioses o el hombre, que, a consecuencia de sus defectos y limitaciones, no era capaz de moldear su destino con racionalidad y sabiduría?
–Cuando empecé a leer este libro –dije a Jarda– me pregunté cómo se las había apañado el autor para recoger el material. Al fin y al cabo, aún no existían bibliotecas ni archivos rebosantes de carpetas con recortes de prensa ni las innumerables bases de datos. Pero Heródoto responde a esta pregunta ya en las primera páginas, escribiendo, por ejemplo: La gente más culta de Persia y más instruida en la historia dice... o Los fenicios niegan... y añade: Así nos lo cuentan persas y fenicios, y no me meteré yo a decidir entre ellos, inquiriendo si la cosa pasó de este o de otro modo. Lo que sí haré, puesto que según noticias he indicado ya quién fue el primero que injurió a los griegos, será llevar adelante mi historia, y discurrir del mismo modo por los sucesos de los estados grandes y pequeños, visto que muchos, que antiguamente fueron grandes, han venido después a ser bien pequeños, y que, al contrario, fueron antes pequeños los que hoy son grandes. Persuadido, pues, de la inestabilidad del bienestar humano, haré mención igualmente de unos y de otros.
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martes, febrero 19, 2008

Juan Román Riquelme


Tener la capacidad de potenciar a terceros no es una cualidad reservada para cualquiera. Cuando alguien lo consigue, despierta la admiración de propios y ajenos. En el fútbol son muy pocos los que disponen de esa facultad. Cuando un equipo tiene entre sus filas un futbolista con esa virtud, parece gozar de una ventaja por encima del resto.

Y Boca, con Juan Román Riquelme, logra lo que otros conjuntos no pueden: alcanzar un buen desempeño colectivo a partir del talento de uno de sus integrantes. Anteayer, en la Bombonera, en la goleada sobre Argentinos por 4-0, Riquelme tomó las riendas del equipo –así como lo supo hacer en la conquista de la última Copa Libertadores– y dio una lección de cómo jugar y hacer jugar a los demás.

Porque ése, quizás, es el elemento más valioso del repertorio futbolístico del N° 10 xeneize. Y todos y cada uno de sus compañeros se lo reconocen. “Poder jugar con uno de los mejores jugadores del mundo es muy importante para cualquier futbolista. El me aconseja mucho y eso me hace sentir mejor. Te simplifica las cosas. Es un jugador extraordinario, que cualquiera quiere tener en su equipo. De chico, cuando lo miraba en la tele, soñaba con jugar a su lado. Yo soy un privilegiado de tenerlo como compañero, así como es un placer jugar junto con Palermo e Ibarra”, dijo tras la práctica de ayer, en Casa Amarilla, Jesús Dátolo, autor del tercer tanto de Boca frente al conjunto de la Paternal.

Sólo hace falta remontarse a la última Copa Libertadores y allí se podrá ver de qué se trata el juego de Román. El estratego xeneize logró que algunos jugadores pudiesen cosechar aplausos y dejasen atrás muchas miradas desconfiadas. Pablo Ledesma y Clemente Rodríguez quizá sean ejemplos bien contundentes para demostrar que jugar junto al N° 10 permite picar en un trampolín hacia la mejor versión de cada uno. Otro futbolista que logró ordenar su juego y potenciar su desempeño fue Ever Banega. Tanto que su carrera continuó en el fútbol europeo, con la camiseta de Valencia. Incluso en la coronación de Boca como campeón de América todos señalaron a Riquelme como el responsable casi absoluto de aquel logro que, además, lo ubicó como el goleador del equipo en el certamen, con ocho unidades. Es decir, sin descuidar su brillo, ilumina al resto. “Lo que él representa para el grupo es muy importante. Muchos de nosotros disfrutamos de jugar junto a él. Y por momentos se hace más fácil todo cuando la pelota pasa por sus pies”, reconoció Alvaro González, una de las figuras de Boca ante Argentinos. La palabras del volante uruguayo también resultan un buen elemento para entender cuánto representa Riquelme en el equipo.

Tanto que González fue, anteayer, uno de los valores más destacados de Boca. Hasta el público le regaló una aprobación que desconocía. La gravitación de Román también se advierte en las actuaciones de Rodrigo Palacio, que ya cosecha dos goles en el Clausura (el tanto ante Rosario Central en el empate 1-1 y el segundo gol con Argentinos), tras dos exquisitas asistencias del N° 10. “Todo el mundo sabe que Riquelme es un jugador diferente y también lo sabe el equipo. Pero además de Riquelme, que es el conductor, hay otros jugadores que son importantes en el grupo. Para mí es un privilegio compartir con él y con otros jugadores los entrenamientos, charlar y jugar junto a ellos”, comentó el defensor Julio César Cáceres.

El paraguayo confió que desde el fondo de la cancha disfruta del juego de Román y está atento a cada una de la indicaciones que el N° 10 les da a sus compañeros. Pero Román también tuvo palabras de elogio para sus socios: “Se me hace muy fácil jugar con el mejor delantero del país (por Rodrigo Palacio) y el mejor goleador del fútbol argentino (por Martín Palermo)”, distinguió Riquelme, tras el partido con Argentinos.

Ese es el valor de Riquelme dentro del grupo.

Es el eje fundamental.

Es el socio incondicional.

Sus compañeros lo entienden y buscan capitalizarlo.

Porque, en definitiva, es el hombre que sabe cómo hacer que la maquinaria funcione.

Un buen negocio para todos. 19 goles marcó Riquelme en 2007. Dos en el Clausura, ocho en la Libertadores y nueve en la selección

Por Diego Morini

De la Redacción de LA NACION

viernes, febrero 15, 2008

Juno

Henry Miller X BRASSAÏ
EN LA TERRAZA DEL DÔME
Por Brassaï
¡Nuestro primer encuentro! (A menos que ya nos hubiésemos conocido cuando estuve en París con June, mi mujer, en 1928.) ¿Podríamos comparar nuestros recuerdos? Me parece estar viéndote de pie, al borde de la acera, cerca del Dôme, en la esquina de la calle Delambre y el boulevard Montparnasse. Llevabas un periódico en la mano. Comenzabas a dedicarte a la fotografía. Debía ser alrededor de 1931. Recuerdo tan claramente el lugar donde te encontrabas que podría señalarlo con un círculo. ¡¡¡Cuando nos encontremos nuevamente en París te lo mostraré!!! Tuve la impresión –fugaz– de que poseías un gran sentido del humor. Todo lo que decías era como una broma. Tus ojos me hipnotizaban –como los de Picasso–. Este encuentro permanece fuertemente grabado en mi memoria.”
(Carta a Brassaï, el 25 de noviembre de 1964.)
Así es como Henry Miller tiene la costumbre de evocar, por carta o personalmente, nuestro encuentro en Montparnasse. “Es curioso –me dijo una vez–, de la mayoría de las personas jamás recordamos dónde o en qué circunstancias las conocimos. Nuestro encuentro lo recuerdo como si fuera ayer.”
Por mi parte, sitúo el encuentro en Henry en diciembre de 1930, poco después de su llegada a Francia. Fue mi amigo, el pintor Louis Tihanyi, quien nos presentó. Era una especie de relaciones públicas del Dôme. Todo el mundo conocía su abrigo de terciopelo lustrado verde oliva, su sombrero gris de ala ancha, su monóculo, su sobresaliente labio inferior –el sosias de Alfonso XIII, pero sin el bigotito–. Caminaba de mesa en mesa, de grupo en grupo, a través de la terraza abarrotada, que bajo el verde luminoso de los árboles del paseo parecía celebrar cada noche el 14 de julio. Aunque estaba sordo y casi mudo, era la persona mejor informada de Montparnasse, y conocía no sólo a los habituales sino a cualquier recién llegado.
–Te presento a Henry Miller, un escritor americano –me dijo con su voz desarticulada y gutural, que dominaba el ruido de la terraza y el alboroto del paseo.
Henry Miller... Nunca olvidaré esa cara rosada emergiendo de un impermeable arrugado, el labio inferior carnoso, los ojos de color verde mar, ojos de marino habituados a escrutar el horizonte a través de la bruma, esa mirada tranquila, llena de serenidad –la mirada ingenua y atenta de un perro– emboscada tras unas gruesas gafas de concha, investigándome con curiosidad. Cuando se quitó el ajado sombrero gris, su calvicie aureolada por unos cuantos cabellos plateados brilló bajo el neón. Esbelto, nudoso, sin un gramo de carne de más, tenía el aspecto de una asceta, de un mandarín, de un sabio tibetano. Un maquillador le hubiera añadido un bigote, largos cabellos grises y una barba patriarcal, con lo que Miller, con sus ojos oblicuos, orientales, su gran nariz, sus aletas aristocráticas, se hubiera parecido al sabio de Iasnaïa-Poliana, a León Tolstoi... También oí por primera vez su voz grave, sonora, calurosa, viril, puntuada de yes, yes y de hum, hum, y ese ronroneo de placer que acompañaba sus palabras en sordina.
June, la mujer de Henry –ella será la Mona, la Mara de sus relatos– ya había estado en París en 1927, cuando se fugó con su amiga rusa y dejó solo a Henry consumiéndose en Nueva York, en su sótano. Se alojaba en el Princesse Hôtel en la rive gauche, cerca de Saint-Germain-des-Près. Ese mismo año June volvió a Nueva York cargada de recuerdos y regalos, “más encantadora que nunca”. Su retorno al redil borró del espíritu de Miller el drama de su “traición”. La Crucifixión que pensaba escribir sobre este drama se convirtió en La Crucifixión rosada”. Henry la interrogaba: ¿había visto a Picasso? ¿A Matisse? No, no los había visto. Sin embargo había conocido a Zadkine, a Marcel Duchamp, a Edgar Varése y a otros artistas de los que Miller no había oído hablar, y que más tarde serían sus amigos: Michonze, Tihanyi, etc.

viernes, febrero 08, 2008

Shine a Light

Fotografiando a los Stones y Scorsese en la Berlinale
"Los Stones eran mi objeto del deseo, fueron la música de mi vida", declaró Scorsese ante la prensa.

domingo, febrero 03, 2008

Textual

Su perdón a los ingleses por el gol con la mano recorrió el mundo, pero bien aclaró ayer Diego Maradona que nunca dijo eso y que en la entrevista publicada por The Sun le cambiaron sus dichos. Ahora, en su vuelta al país, el ex jugador de la Selección cargó duro contra sus compañeros del Mundial 86 que hablaron sobre el tema.
"Yo no pedí perdón a Inglaterra, y a los putos que hablaron antes que yo hablara, les digo que son muy putos", fueron las textuales palabras frente a los micrófonos en su arribo a Ezeiza.El Diez se refería, entre otras, a las declaraciones que publicó Clarín de Julio Olarticoechea, Jorge Burruchaga y Ricardo Giusti.
"Acá son muy inocentes, agarraron una información que no es tal", confesó Maradona. Y agregó: "Fueron compañeros míos, y no me conocieron ni dentro ni afuera de la cancha".
Además, criticó a Peter Shilton, quien había afirmado que "es demasiado tarde" para las disculpas. "Es un arquerazo, cuando le hacen goles a Shilton no lo saluda ni el hijo", ironizó.
Sobre la entrevista, volvió a desmentir al medio inglés. "Quisiera que ustedes me la muestren a mí a la entrevista grabada en inglés y así les voy a decir", reclamó.
Y continúo: "Si tengo que pedirle perdón es a mis hijas, a mis padres y a los hinchas de boca, que erré cinco penales".
¿Qué dijo entonces Maradona? El lo repite: "Yo dije que la historia no se cambia. Si pudiera pedir perdón y regresar en el tiempo, y cambiar la historia, lo haría. Pero el gol sigue siendo un gol, Argentina se convirtió en campeón mundial y yo fui el mejor jugador del mundo".

martes, enero 29, 2008

Osvaldo Soriano

SORIANO
Por Eduardo Galeano
En uno de sus cuentos, Soriano imaginó un partido de fútbol en algún pueblito perdido en la Patagonia. Al equipo local, nunca nadie le había metido un gol en su cancha. Semejante agravio estaba prohibido, bajo pena de horca o tremenda paliza. En el cuento, el equipo visitante evitaba la tentación durante todo el partido, pero al final el delantero centro quedaba solo frente al arquero y no tenía más remedio que pasarle la pelota entre las piernas.Diez años después, cuando Soriano llegó al aeropuerto de Neuquén, un desconocido lo estrujó en un abrazo y lo alzó con valija y todo:–¡Gol, no! ¡Golazo! –gritó–. ¡Te estoy viendo! ¡A lo Pelé lo festejaste! –y cayó de rodillas, elevando los brazos al cielo.Después, se cubrió la cabeza: –¡Qué manera de llover piedras! ¡Qué biaba nos dieron! Soriano, boquiabierto, escuchaba con la valija en la mano. –¡Se te vinieron encima! ¡Eran un pueblo! –gritó el entusiasta. Y señalándolo con el pulgar, informó a los curiosos que se iban acercando: –A éste, yo le salvé la vida. Y les contó, con lujo de detalles, la tremenda gresca que se había armado al fin del partido: ese partido que el autor había jugado en soledad, una noche lejana, sentado ante una máquina de escribir, un cenicero lleno de puchos y un par de gatos dormilones.
(El texto de Galeano, llamado “El lector” forma parte de su libro Bocas del tiempo. Hoy se cumplen once años de la muerte de Osvaldo Soriano.)

jueves, enero 24, 2008

miércoles, enero 23, 2008

Desamparo


El desamparo de los niños pequeños se hace socialmente visible, unos años después, en la edad de la adolescencia.

Para criar bien a un bebe sin que se produzcan frustraciones hay que comprender profundamente los aspectos oscuros de la maternidad, que son exactamente lo opuesto a lo que nos cuentan las revistas”, dice la psicoterapeuta argentina Laura Gutman.

“La guerra de Irak es tan grave como las guerras ocultas que suceden por las noches en las casas. Es allí, en esas guerras íntimas y multiplicadas, donde reside la cuna de la violencia colectiva”, afirma.

Nacida en Buenos Aires en 1958, a los 22 años Gutman se graduó en París en psicopedagogía clínica.

Después se especializó en temas de familia. De orientación junguiana, se formó con la renombrada psicoanalista francesa Françoise Dolto. Influida por el pensamiento de Michel Odent, el obstetra que introdujo el alumbramiento natural y el parto acuático en los hospitales franceses, Gutman creó en la Argentina, a su regreso, el Centro Crianza, especializado en la atención de madres y padres con niños pequeños. En su reciente y provocador libro Crianza, violencias invisibles y adicciones , pone la lupa sobre las distintas formas de la violencia y sostiene:

"Entre las guerras públicas y las libradas en el seno de las familias sólo hay una diferencia de escalas". Durante la entrevista, dice: "Hoy, la maternidad es mucho más complicada que antes, porque las mujeres estamos desarrollando nuestra identidad en el mundo público. No nos parecen compatibles la libertad, la autonomía y la maternidad. Y porque construimos nuestra identidad afuera, cuando nace un bebe, que nos demanda las 24 horas del día, sentimos que nos devora".

Gutman usa el neologismo "maternaje" para describir la nutrición emocional necesaria para desarrollarse en el mundo adulto con autonomía. Pero sobre todo bucea en la falta de "maternaje" y en sus consecuencias sociales: la violencia, las adicciones, el consumo de alcohol y droga en los adolescentes.

-¿Cómo se conectan las carencias de "maternaje" con la violencia social?

-Comprendiendo que la maternidad no es lo que vemos en las revistas. Se trata de un fenómeno absolutamente misterioso. Nos conecta con nuestros lugares más sombríos. Decimos que hay violencia cuando no podemos tolerar que dos deseos compartan el mismo territorio emocional. Si mi deseo tiene que ganar y expulsar el deseo del otro para concretarse, hay una dinámica violenta. Entonces, cuando nace un chico, por más deseado que sea, si tuvimos una historia de desamparo emocional, se instaura una guerra de deseos y necesidades entre la madre y el bebe. El hijo chiquito necesita el cuerpo de su mamá todo el tiempo y la madre necesita autonomía. Si venimos de una historia de poco "maternaje", entonces haremos prevalecer nuestro deseo por sobre el del bebe: o me salvo yo o el chico, no hay lugar para dos. Esa es la cuna de la violencia.

-¿Qué nos espera si tocamos nuestras zonas oscuras con la maternidad?

-Las mujeres, si nos animamos a transitar plenamente el puerperio, tenemos una oportunidad única de crecer emocionalmente; de ganar en intuición, en inteligencia emocional, en lucidez. No hay otra oportunidad como ésa de generar tal transformación, si podemos replegarnos un poco del mundo. -Pero ¿y las mujeres que trabajamos? Muchas no sólo necesitamos trabajar para ser, sino para vivir.

¿Cómo se deja el trabajo por un año, por ejemplo? -

No es el trabajo el que me necesita a mí, sino que soy yo la que necesita del trabajo. Las dificultades a que me refiero las he visto en mujeres con muchos recursos económicos y con pocos recursos.

Además, ¿qué pasaría si nos damos cuenta como sociedad de que si las mujeres se repliegan un año del mundo laboral, cuando vuelven están en condiciones de darles a las empresas una lucidez redoblada?

-Me resulta fuerte la idea de que la guerra de Irak sólo se diferencia de las guerras silenciosas libradas en el interior de los hogares por una cuestión de escala. ¿Nos explica mejor esta idea? -Nos parecen terribles las guerras y, en cambio, vemos como una nimiedad dejar a los niños llorando solos, sin la presencia de la madre. La violencia es la alianza social que nos convence de que el bebe tiene que aprender a no depender tanto de los brazos de la mamá.

¿Sabe que uno de los libros más vendidos en el mundo "enseña" a dejar llorar al bebe hasta que se duerme solo?

¿Y por qué? Para que entienda que este mundo es así y que nadie va a venir a acompañarlo. Dejar a un bebe llorando toda una noche equivale a su muerte espiritual. Y después, ¿cómo no vamos a salir violentos? Son pocos los padres que matan físicamente a sus hijos, pero los que los abandonan son mayoría.

-¿Esta dinámica violenta inicial trae la imposibilidad de integrar al otro?

-Para un bebe, el otro no existe. No le importa nada lo que necesita la mamá. La mamá es nutriente, ciento por ciento. Ocurre que cuando crecemos desamparados quedamos fijados a esa estructura del "no me importa nada del otro". Entonces, de adultos, seguimos igual. Ese niño que fuimos desarrolla diversas dinámicas de supervivencia: se impone al otro, le cuesta integrar las ideas del otro, se llena de comida, de droga, o encuentra la manera de que el otro deje de ser sí mismo, porque tengo que llenarme yo, que estoy muy vacío. Son dinámicas que producen sistemas vinculares violentos, o producen la sociedad de consumo.

-¿El consumismo también puede ser una forma de violencia?

-Sí, está en esa dinámica. Me lleno de objetos yo o a mis hijos porque me cuesta darles tiempo. -Hoy se ve alcoholismo en los adolescentes y crecen las noticias de muertes por sobredosis. -Se trata del mismo desamparo de los niños pequeños que, unos años después, se hace socialmente visible en los adolescentes. Es entonces cuando se ve el grado de consumo que necesitan para cubrir la falta de nutrición emocional.

-¿El planteo actual de lucha contra las adicciones no sirve?

-No estoy de acuerdo con el concepto de lucha. Muchas veces es imposible luchar contra una parte de uno mismo.

-¿El cambio viene a partir de una suma de transformaciones individuales o colectivas? -Considero más posible cambiar en términos individuales, cuya suma dará una masa crítica. Por eso creo que, para cambiar el mundo, primero hay que cambiar la forma de criar a nuestros hijos.

Por Laura Di Marco

Para LA NACION

sábado, enero 19, 2008

mi amigo Leonardo Goitisolo

Su carita llevaba la herida de la vida, cuando le conoci. Ahora lleva otras igual de dolorosas, que no se ven a simple vista.
Hoy me llamo por telefono, y yo que soy un desastre q jamas reconozco una voz, tampoco esta vez pude hacerlo que sorpresa tan linda y q noticias tan tristes Leo!
Cuando fue tu cumpleaños estaba en Praga te enviaba mi recuerdo y mis cariños, porque tu casilla de mail esta desactivada que lastima con lo apegada que soy a escribir y vos uno de los pocos que me llama por telefono!
cuando te conoci vos hiciste de todo para acercarte, me hiciste cartitas, que aun conservo, me llamabas por telefono me contaste toda tu vida me presentaste a tu familia.
siempre estuvimos conectados de una menera muy secreta, estaba hundida en el dolor y llegaste con Marce, venias feliz a decirme que esperaban el cuarto hijo y entonces me viste y dijiste pero que paso? cuando me recupere y paso el tiempo te dije que regresaria a Henderson,donde habia prometido no regresar, a visitarles y cumpli
les vi felices, les vi bien, siempre recibiendome con los brazos abiertos,con el corazon rebosante.
pero volvieron los dias dificiles y llegue a Barcelona sin decirte nada
Un dia en febrero en medio de una inusual nevada te escribi y te conte todo, entonces me llamaste como siempre. Las cosas se habian puesto dificiles para vos, el campo, los hijos, la familia, la vida te daba otro reves, a vos que con solo un añito ya te habia pegado un palo Leo.
Hoy por la tarde volviste a llamarme, desde un atardecer asfixiante de esos que solo hay en la pampa, querias saber de mi, si estaba bien, y de nuevo las cosas tampoco esta vez van lo bien que te mereces
Ojala pudieras leer esto que te escribo Leo, lo que te quiero y lo que me importas ya te lo dije, si fuera ese viento que hoy esperabas como una bendicion en medio del campo.

lunes, enero 14, 2008

Porqué no te callas?


Uribe, porque no te callas?

Contrariamente a lo que plantean algunos análisis, la liberación de las dos rehenes en poder de las FARC tuvo su gran perdedor en la figura de Alvaro Uribe, empecinado en aplicar los métodos del ex alcalde de Nueva York Ralph Giuliani, para resolver los gravísimos desafíos que plantea la guerrilla en Colombia. Con su intemperancia abortó una operación que debería haber culminado sin sobresaltos. Tal como lo manifestaran Clara Rojas y Consuelo González en la zona escogida para la entrega de las prisioneras, las operaciones militares se intensificaron en lugar de cesar. Pese a ello la guerrilla dio muestras de una prudencia y una sensatez impropias de gentes calificadas sin más como “terroristas”, y postergó la liberación de las prisioneras hasta asegurar su entrega sanas y salvas, sorteando los intensos bombardeos a que fuera sometida por las fuerzas que representan el orden y la legalidad.
Envalentonado por sus mentores estadounidenses, Uribe montó un show mediático en donde, con desaforada verborragia, atacó sin ton ni son a los involucrados en la operación Emmanuel. Embriagado por su propia retórica, tuvo palabras hirientes para con los varios gobiernos de la región y sus representantes, quienes solidariamente acudieron en calidad de garantes para favorecer el buen éxito de una negociación que el propio Uribe, de haber obrado con inteligencia, tendría que haber sido el primero en facilitar. Sus idas y venidas con relación al tema de los rehenes corroboran una vez más que el principal obstáculo para el canje humanitario y la pacificación del país no es otro que el propio presidente. Por eso el exabrupto que Don Juan Carlos profiriera en contra de Chávez en Santiago se convierte en un sabio consejo: conviene que Uribe le haga caso al enfadado monarca y se calle por un tiempo, dejando que otros arreglen lo que él sólo consigue desarreglar.
Con un Uribe devenido en un anónimo televidente del proceso, se multiplicaron las dudas sobre el margen de soberanía que posee su gobierno para resolver la crisis política colombiana. Más allá de la opinión que se pueda tener acerca de las FARC, es preciso reconocer que una guerrilla que ha sobrevivido a medio siglo de conflicto armado y que controla porciones significativas (si bien cambiantes) del territorio nacional sólo puede hacerlo si cuenta con un importante respaldo en algún sector de la sociedad. De no ser así habría sido aniquilada hace rato. Además, hay que recordar, como lo hace Luis Bruschtein en su nota de ayer, que cuando a mediados de los ’80 la guerrilla aceptó trabajar en el marco legal y presentarse a elecciones, 5 mil de sus militantes y dirigentes, incluyendo el candidato presidencial, fueron aniquilados salvajemente sin que tales crímenes perturbaran al arcaico andamiaje institucional de Colombia, ni provocara la menor reacción de los autoproclamados custodios de la libertad y la democracia que anidan en torno de la Casa Blanca.
Lo anterior remite al delicado tema de la caracterización de las FARC. Calificarlas como “terroristas”, como prefieren los halcones norteamericanos, sólo alienta la ilusión de una “solución militar” a la crisis. Colombia ya ensayó esa estrategia y sólo logró empeorar las cosas. Como es sabido, los grupos insurgentes cuyo accionar favorece los intereses del imperio son siempre bendecidos por éste con un nombre que los enaltece: “combatientes de la libertad”. Los antagonistas, en cambio, son fulminados como “terroristas”, una caracterización parecida a la que aplicaba la Corona británica a las tropas que al mando de George Washington luchaban por la independencia de las trece colonias norteamericanas. Los mujaidines de Afganistán eran “combatientes de la libertad” cuando enfrentaban la invasión soviética, pero luego se convirtieron en “terroristas” en función de las necesidades coyunturales de la política exterior norteamericana.
Para solucionar esta crisis es imprescindible que el gobierno colombiano arroje por la borda esta caracterización, que de por sí cierra las puertas a cualquier negociación, y reconozca –como en su momento lo hicieron con provecho los irlandeses– que en su territorio se libra una cruenta guerra civil. Ese es el sentido profundo de la propuesta del presidente Chávez, que recoge el sentir de los numerosos rehenes aún en poder de las FARC.
Por su imprudencia e imprevisibilidad, amén de su servilismo ante las directivas de la Casa Blanca, Uribe no es la persona capaz de conducir una compleja negociación diplomática como la exigida. Por eso me permito disentir con el análisis de Gabriel Puricelli, que en este mismo diario concluía que quien había triunfado era el derecho humanitario y no un líder sobre otro. La política no funciona con esas abstracciones: en esta coyuntura las palmas se las llevaron el presidente Hugo Chávez y la senadora Piedad Córdoba, quienes emergen como los firmes y confiables negociadores que contra viento y marea –y contra la opinión de la autodenominada “prensa seria” internacional– persistieron en su propósito, mantuvieron la calma y lograron su objetivo. Uribe, en cambio, sólo puso en evidencia su irracional intransigencia, por eso es el gran perdedor.
Son muchos los editorialistas y analistas de la Argentina y toda América latina que a estas horas estarán lamentando haber escrito lo que escribieron, o dicho lo que dijeron, al aprovechar el fracaso de la operación Emmanuel para apostrofar irresponsablemente al presidente Chávez y a los garantes internacionales. Pero en menos de dos semanas el venezolano renació de sus cenizas y hoy su estrella brilla muy alto en la política mundial. Por último, otros ganadores son los vapuleados garantes internacionales que fueran enviados por los gobiernos de la Argentina, Bolivia, Brasil y Ecuador, y que, de continuar el proceso de canje, deberían proseguir en funciones. Es preciso, empero, no exagerar su papel: tanto el ex presidente Kirchner como el asesor presidencial de Lula, Marco Aurelio García, cumplieron dignamente su misión, ayer criticada con ferocidad por los voceros del imperio y hoy reivindicada con el inapelable lenguaje de los hechos. Pero no hay que engañarse: el Foro de San Pablo ya pasó a mejor vida, vaciado de contenidos por la capitulación ideológica y política del PT y del gobierno de Lula; y Kirchner nunca tuvo diálogo con las FARC. Esto quiere decir que sin Chávez y su notable habilidad negociadora, y sin la colaboración de Córdoba, ninguno de los garantes hubiera podido hacer absolutamente nada. Ahora podrán disfrutar el dulce sabor del éxito que un destemplado Uribe les frustró días atrás.
* Politólogo.
Página 12. Buenos Aires 14/01/2008

viernes, enero 11, 2008

Bienvenidas a la vida


Señor Presidente

gracias, por volverlas a la vida

como tan bien lo dijo.

domingo, enero 06, 2008

Simone de Beauvoir







Pyrrhus et Cinéas (fragmento)" Porque el hombre es trascendencia, jamás podrá imaginar un paraíso. El paraíso es el reposo, la trascendencia negada, un estado de cosas ya dado, sin posible superación. Pero en ese caso ¿qué haremos?, Para que el aire sea respirable tendrá que dejar paso a las acciones, a los deseos, que a su vez tenemos que superar: tendrá que dejar de ser paraíso. La belleza de la tierra prometida es que ella prometía nuevas promesas. Los paraísos inmóviles no pueden prometer más que un eterno aburrimiento. (...)Si Dios es la infinitud y la plenitud del ser, no hay distancia entre su proyecto y su ser realidad, su voluntad es el fundamento inmóvil de su ser. Lo que quiere se hace, quiere cuanto es... Tal Dios no es una persona singular, es el universal, el todo inmutable y eterno. Y lo universal es silencioso... La perfección de su ser no deja ningún lugar al hombre porque el hombre no podría trascenderse en Dios si Dios ya está todo entero dado. En tal caso el hombre no es más que un accidente indiferente a la realidad del ser; está en la tierra como un explorador perdido en el desierto; puede ir a la derecha o a la izquierda, puede ir a donde quiera; jamás irá a ningún lugar y la arena cubrirá sus huellas. "

Simone


miércoles, enero 02, 2008

Boogie el aceitoso


Boogie el aceitoso", uno de los personajes más populares de Roberto Fontanarrosa, será animado en México en una película que comenzará a filmarse en enero de 2008, informó la productora Metacube al diario Reforma del Distrito Federal. El largometraje animado sobre Boogie, un mafioso racista cuyo ídolo es Jack el Destripador, se rodará en la ciudad de Monterrey (norte) y se prevé que a finales de año se estrene simultáneamente en Argentina, México y Brasil, según se detalla en la noticia dada por el periódico mexicano. La animación del personaje creado por Fontanarrosa en 1972 se hará en el Centro de Competitividad Internacional del Instituto de Estudios Superiores de Monterrey (norte), señaló Jorge Suárez, titular de Metacube, que producirá la película junto a la argentina Ilusión Studios. El "Negro" Fontanorrosa, uno de los más populares dibujantes humorísticos de la Argentina, fallecido en julio de este año, concibió a "Boogie el aceitoso", un homicida sin sentimientos, como una forma sutil de criticar la violencia en la sociedad estadounidense. "Fíjate Boogie, ¿has visto a Harry el sucio?", le preguntan en una de las historias, y boggie responde: "Me aburren las películas de amor". Creador de otros personajes como "Inodoro Pereyra" y además celebrado escritor, la muerte a los 62 años de Fontanarrosa constituyó un duro golpe para los argentinos, que lo despidieron masivamente en Rosario, su ciudad natal.

martes, enero 01, 2008

deseo

en el blog de andres calamaro
este deseo
que se curen los enfermos y que los presos vuelvan a casa